Editorial

La esperanza de Montoro

Es obligación de todo buen gobernante lanzar mensajes de esperanzado optimismo y separarse en lo posible del pesimismo antropológico, esa infección tan común en España. Pero eso no tiene nada que ver con ignorar la realidad o edulcorarla de tal modo que parezca una invención. El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas cumplió ayer con la primera parte de lo antedicho en su defensa ante Las Cortes de los Presupuestos Generales del Estado para 2013. Pero rozó la lente de color rosa cuando aseguró que las cuentas elaboradas por su departamento para en próximo año "anuncian el final de la recesión". Otra cosa distinta es que lo intenten, y malo sería que no se hayan construido con esa intención, pero el panorama descrito poco antes por el Banco de España, según el cual la contracción iniciada hace un año ha proseguido en los meses centrales del ejercicio, invita a ponerlo en duda. Un entorno caracterizado por "el mantenimiento de las condiciones financieras adversas", aunque algo atenuadas, indica que hay mucho por hacer además de las cuentas públicas para acabar con la recesión. La eliminación del efecto IVA y el impacto del recorte de los salarios -públicos y privados- serán además nuevas losas sobre un consumo ya anémico.