Popular pasa de ser cazador a convertirse en la presa

De pieza clave para sanear el sector a ser parte del problema

Todos sus competidores están convencidos de que Popular conseguirá ampliar el capital para conservar su independencia.

De cazador a presa. De ser uno de los bancos más rentables y eficientes de Europa Popular ha pasado a ser el único banco tradicional español -con la excepción de Banco de Valencia- que ha suspendido las pruebas de fortaleza de la consultora Oliver Wyman. "Ha sido todo una sorpresa para nosotros. No lo esperábamos", confiesan fuentes del grupo, que consideran que la metodología que ha aplicado la consultora les ha perjudicado al penalizar los créditos dirigidos a las pymes, frente a los hipotecarios. "Pese a ello, seguiremos apostando por las pymes, que representan el 80% de la economía del país", asegura una fuente de Popular.

El banco que preside Ángel Ron necesita 3.223 millones de euros para recomponer su solvencia, de los que intentará captar en el mercado a través de una macroampliación de capital 2.500 millones de euros, todo un récord para el sector si se tiene en cuenta la desconfianza de los mercados hacia el sistema financiero español en particular y hacia la economía del país en general.

El sector y el propio Gobierno contienen la respiración ante la operación. Todos esperan que la captación de capital sea un éxito. "El momento es muy, muy complicado, pero sería una muy buena noticia que la ampliación fuera un éxito, no solo para el banco, sino también para todo el sector", explicaba el jueves un directivo de una entidad rival.

Otro ejecutivo de otro banco coincide con esta opinión, y asegura que la "operación va a salir adelante. Es cuestión de precio. Popular tendrá que ajustar el precio de salida hasta que consiga atraer a los inversores, pero todos estamos seguros de que la ampliación saldrá".

Varias fuentes consultadas recalcan que lo que le está pasando a Popular "es una injusticia. Debe hacer una macroampliación de capital preventiva, el escenario adverso en el que se le exigen los 3.223 millones de euros de capital tiene solo un 1% de posibilidades de producirse, aún así debe acudir al mercado a captar fondos".

"Hace un año Popular estaba celebrando la compra de Pastor, ahora la llora. Se adelantó en su adquisición. No recibió ayudas por esta integración que cargó más aún su cartera de activos inmobiliarios", afirma un analista que prefiere mantenerse en el anonimato.

Pese a la losa del ladrillo, el grupo que preside Ángel Ron no está dispuesto a sacrificar su independencia a cambio de fondos públicos o de ser absorbido por otra entidad. "Reduciremos nuestro tamaño lo que haga falta y ampliaremos capital para proteger nuestra independencia. Pero no estamos dispuestos a inyectar capital público a través de bonos convertibles (cocos). Nuestro consejo ya se ha pronunciado sobre ello, y su voz ha sido unánime". Esta es una de las afirmaciones que más han repetido en los últimos días sus directivos.

Todo indica que hasta su principal accionista individual, la aseguradora alemana Allianz, que controla el 7%, acudirá a la ampliación. La condición de entidad germana había generado ciertas inquietudes en el sector, ya que si no acudía podía considerarse un punto negativo en la operación, derivados de los recelos de Alemania hacia el rescate de la banca española.

"Allianz es alemana, pero su interés por Popular es histórico. Ambos grupos se conocen bien y sacan rendimiento a su alianza", señala un experto del sector.

Hasta el pasado mes de julio, Popular era una de las piezas claves del sistema financiero español para adquirir una de las entidades más débiles del mapa bancario que saldrá a subasta -Catalunya Caixa, Banco de Valencia y Novagalicia-. Ahora, si fracasa su ampliación, puede verse abocado a ser absorbido por otra entidad mucho mayor. De hecho, La Caixa, con el conocimiento del Gobierno, tiene en su cajón un plan B, comprar Banco Popular, operación que Isidro Fainé, presidente de la entidad catalana, ya le propuso a Ron hace casi dos años y que en septiembre volvió a insistir. Fainé cuenta ahora con un as en la manga, Popular necesita un salvavidas.

El grupo que preside Ron, no obstante, asegura tajante que no tiene plan B, y que ha rechazado el ofrecimiento de La Caixa. Eso sí, en caso de extrema necesidad preferiría una operación corporativa a una inyección de fondos públicos. Ron y su equipo siempre han criticado la entrada de fondos públicos en la banca extranjera y en las cajas. Lo ha considerado una práctica de competencia desleal, razón por la que Popular no puede ahora caer en lo que se consideraría un pecado tras sus múltiples críticas.

"Hace pocos meses Popular era parte de la solución para el sector financiero español, era una pieza clave para su reestructuración y ha terminado siendo parte del problema", se quejan entre bambalinas sus directivos, que aún no se creen lo que le está pasando a su banco.

La red de Popular está dispuesta a volcarse de lleno en la búsqueda de capital para cubrir la ampliación. "Si este banco tiene una gran fortaleza es su red. Es una de las mejores", reconoce un competidor del grupo.

En la reunión mantenida el miércoles con 2.700 directivos del grupo, el grito de la independencia se extendió por todos los rincones, lo mismo que el objetivo de captar nuevos accionistas entre los clientes del banco. "De momento, ya se ha tanteado a los clientes y parece que la predisposición a comprar nuevas acciones del grupo es positiva", señalan fuentes de Popular.

La Caixa puede ser un salvavidas de última hora para Popular. La operación sería perfecta para la caja catalana. Fainé lograría redimensionar la estructura del grupo en un momento complejo desde el punto de vista económico, en el que el empresariado catalán vive con preocupación los últimos acontecimientos sociopolíticos que está experimentando su comunidad.

Pero tan importante como este argumento está la necesidad de La Caixa de rebajar su peso en CaixaBank como reclama Bruselas. La Caixa controla el 61% del banco, porcentaje que debe situarse por debajo del 51% tras convertirse en Fundación. Con una fusión con Popular lograría diluir esta participación y tener un aliado de máximo nivel para proteger la gestión de la entidad.

La compra a destiempo de Pastor es señalada por algunos analistas como un error por parte de Popular. Además, los tres decretos de Economía, aumentando sus necesidades de capital y provisiones, han caído como una losa en un banco con una fuerte cartera inmobiliaria. Varios de los analistas consultados entienden que su apuesta por entrar en la financiación a promotores se inició tarde, y que siempre defendió su independencia, pero sin renunciar a crecer con la apertura de oficinas, que se vio obligado a cerrar justo cuando aún no había finalizado totalmente su plan de expansión.

Ángel Ron confía en la fuerte generación de márgenes del grupo

Hace solo tres meses Banco Popular se había convertido en la firma preferida para la compra de Catalunya Caixa. Apostó por la entidad catalana una vez que Galicia quedaba cubierta con la red de Banco Pastor. Pero antes de esta operación, Ángel Ron había intentado un acercamiento a Novagalicia, pero su actual presidente, José María Castellano, rechazó cualquier operación corporativa. Entre la compra de Pastor y el interés por Catalunya Caixa se había cruzado en el camino de Popular la adquisición de CAM por parte de su más directo rival, Banco Sabadell. De esta forma, el grupo que preside Josep Oliu adelantaba ligeramente al banco con sede en Madrid.

Puede que impulsado por la operación de su rival, o porque Ron sabía que las oportunidades para ser un gran banco se estaban jugando con la reestructuración, decidió apostar por la entidad catalana. Fuentes de Catalunya Caixa aseguran que el mayor despliegue de técnicos examinando las tripas de Catalunya Caixa cuando se inició su subasta el pasado verano fue proporcionalmente de Popular. Pero sus aspiraciones se vieron frustradas. La petición por parte del Gobierno del recate bancario interrumpió esta subasta que podría haber sido su tabla de salvación, ya que la puja iba acompañada de ayudas como ocurrió en el caso de CAM.

Las condiciones impuestas por Bruselas para conceder los hasta 100.000 millones de euros para sanear la banca española no solo truncaron las aspiraciones de crecimiento de Popular, sino que también tumbaron su imagen de banco solvente, por lo menos sobre el tablero. Popular, y bajo el amparo del ministro de Economía, Luis de Guindos, había diseñado una fusión con BMN, que se anunciaría justo después de publicarse los resultados de Oliver Wyman.

Pero el suspenso de Popular en este examen, junto al de BMN, frustró esta fusión. Pese a ello, el banco, según recoge el folleto continuado de su ampliación de capital publicado el viernes en la CNMV, no descarta otras compras. Bruselas seguro que sí, por lo menos en estos momentos.

Los competidores de Popular confían, pese a todo en su fortaleza, y recuerdan, lo mismo que lo hacen sus directivos, que el grupo ha pasado los test de estrés realizados por al Autoridad Bancaria Europea (ABE).

Y es que la ampliación de capital de Popular es también un reto para el sector. Puede ser un signo de que lo peor está pasando para la banca. Como si se hubiera sellado un pacto de caballeros entre los distintos responsables de la banca, todos apoyan a Ron y su plan. No hay que olvidar que los bancos asociados a la Asociación Española de Banca siempre han criticado la inyección de ayudas públicas y el hecho de que uno de sus socios pueda necesitar del auxilio de fondos de Bruselas altera todos sus históricos argumentos. Dos ventajas con las que cuenta Popular y que sabe el sector que Ron conoce a la perfección cualquier rincón del grupo.

Inició su carrera profesional en 1984 en Popular cuando tenía 22 años. Desde entonces siempre ha estado vinculado al grupo para, en 2002, ser nombrado por Luis Valls y Javier Valls, copresidentes entonces de la entidad, consejero delegado, convirtiéndose así en el banquero más joven. En 2006 pasó a ser presidente.

Otra fortaleza de Popular es su potente red con una base de clientes muy fiel, lo que le permite generar altos márgenes de negocio. Popular espera generar un resultado de explotación superior a los 7.000 millones en tres años, y prevé ganar más de 500 millones en 2013 y 1.400 millones en 2014. Eso sí, este año perderá 2.300 millones.

De momento, los directivos de su red comercial han dado el visto bueno a la operación y pondrán todo su empeño en vender acciones. También están dispuestos a acudir a la ampliación.