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Editorial

España precisa solución interna y externa

El Fondo Monetario Internacional reconoce que la prima de riesgo que soportan las emisiones de España no está justificada por los fundamentales de su economía, y que debería estar al menos 200 puntos básicos por debajo de lo que hoy marcan los mercados secundarios de deuda. Pero a renglón seguido advierte que, de igual modo, podría descontrolarse hasta los 750 puntos, y muy cerca la italiana, si la Unión Europea no resuelve en el medio plazo el esquema fiscal, bancario y monetario marcado en la cumbre de junio. Un escenario cuasi de terror para una economía que contabiliza cinco años completos de crisis de crecimiento y recesión en el empleo y que, dado el alto grado de endeudamiento, podría consumir otros cinco en recuperar los niveles de actividad que tenía antes de explotar las hostilidades de la crisis.

Buena parte de la solución a la parálisis en la que está atrapada España tendrá que venir de fuera, aunque para que una parte de ella se ponga en marcha deban ser las autoridades españolas las que tomen determinadas decisiones, como la petición de socorro financiero a los socios europeos y al BCE, y soportar el supuesto estigma político que tal decisión conlleva. Pero otra proporción importante de la solución para la economía está en el interior, está en las manos del Gobierno y también en las de los agentes económicos, en las empresas y en sus trabajadores.

El propio Banco de España recordó ayer otra vez que la economía española ha absorbido ya una buena parte de la competitividad perdida desde la entrada en el euro, pero que lo ha hecho por el viejo mecanismo de ajustar las plantillas, lo que ha supuesto una descomunal sangría de ocupación y de renta disponible. España precisa proseguir en la búsqueda de los efectos de una devaluación interna en ausencia de autonomía monetaria y cambiaria, y no hay muchas más maneras de hacerlo que reducir para ello todos los costes y reducir todos los precios; de todos los procesos productivos y de todos los servicios.

La entrada en el euro se produjo en condiciones de envidiables niveles de competitividad cambiaria. Hasta cuatro devaluaciones había experimentado la peseta desde 1992 antes de entregarse en cuerpo y alma al euro en 1998, momento en que, en un ejercicio de generosidad de los socios, se marcó un tipo de cambio irreversible que suponía una quinta devaluación. Pero la fuerte presión de la demanda privada en los años del euro, estimulada por unos tipos de interés increíblemente bajos para un país acostumbrado a los dos dígitos en esta materia, y el tradicional apego de los agentes económicos españoles a la inflación por considerarla un amigo de las rentas en vez de un virus destructivo de las mismas, destruyeron la ventaja competitiva en menos de una década. Tal pérdida solo se recompone volviendo a colocar los precios de los bienes y de los servicios en niveles competitivos, tanto en el mercado interior como el exterior. Y eso no tiene más nombre que devaluación, algo que hoy solo es posible con una reducción sustancial de los costes y de los márgenes empresariales para poder rebajar los precios finales de los bienes y servicios y no perder posiciones en los mercados cada vez más globales y exigentes.

En España hay mucha resistencia a este proceso. La tienen los sindicatos en la determinación de salarios y la tienen los empresarios en la determinación de los precios y los márgenes, y por ello la crisis se dilata y se retrasa la estabilización de la economía y del empleo. Las reformas aprobadas por el Gobierno, tendentes a ese abaratamiento de los costes y los procesos productivos, debe ir acompañada de verdadera voluntad de converger en una economía muy atomiza a nivel empresarial y muy intensiva en servicios.

En paralelo, Europa debe acelerar la integración fiscal y bancaria, no del todo fijadas en el calendario, para que el BCE pueda hacer su parte en los mercados de deuda para que los costes de financiación de los países sureños, España entre ellos, sea sostenible y atractiva por una larga temporada. En ese sentido presionaron ayer Francia y España tras la cumbre Hollande-Rajoy. Solo así se recuperará el crecimiento de la actividad y del empleo, y solo así ese umbral temporal tan alejado que marca el FMI para recomponer la situación podrá acercarse en el calendario.

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