COLUMNA

El banco británico y la CE

El plan del Gobierno británico de preparar 1.000 millones de libras para un nuevo banco de pequeño tamaño es bienvenido. Pero necesitará una buena estrategia para convencer a la Comisión Europea, que ejerce de árbitro del mercado único en el que operan todos los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Sin cuidado, el plan podría irse a pique por las regulaciones diseñadas para aumentar la competitividad y la prohibición de ayuda estatal para empresas en dificultades.

Las normas de la CE son simples. Los Gobiernos no pueden crear bancos que presten por debajo de los intereses del mercado, ya que sería un subsidio que hiere al sector privado tanto en el país en cuestión como en el resto. El nuevo banco británico podría esquivar las dificultades prestando a precios del mercado, con un cuerpo político riguroso e independiente. Pudiera ser que el precio del mercado fuese demasiado alto para los bancos privados como para que hubiese demanda. Y si los tipos se quedan donde están, la demanda puede permanecer débil.

El nuevo banco podría dar crédito a intereses bajos si Gran Bretaña puede demostrar la necesidad de la adicionalidad: que el Estado tenga que rellenar porque ningún banco del sector privado lo hará. Para apoyar sus argumentos, podría decir que los datos del Banco de Inglaterra muestran que la capacidad de financiación de las empresas británicas con una facturación inferior a 25 millones de libras ha sido negativa durante más de un año, mientras que los diferenciales de nuevos préstamos al sector se han ido ampliando.

La existencia del KfW alemán podría servirle de ayuda. Sería difícil para el banco estatal alemán proporcionar intereses inferiores a los del mercado para préstamos domésticos si su existencia no hubiese sido anterior a las ayudas estatales de la CE. Reino Unido puede pedir el mismo tratamiento.