EDITORIAL

A España se le allana lentamente el camino

El Ecofin informal celebrado el viernes en Chipre, al que han asistido también la directora gerente del FMI y el presidente del BCE, ha dado continuidad a la agenda reformista iniciada en la Unión Europea en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de junio pasado, con pasos que siguen despejando el camino hacia la solución de la crisis financiera en España, en particular, y en toda Europa. No está sobre la mesa negociación alguna sobre el rescate a España ni sobre programas de vigilancia de sus políticas, tal como admite Christine Lagarde, ni en Nicosia se habló de otra cosa sobre la economía española que no sea el grado de cumplimiento del compromiso con sus socios. Pero los mercados siguen confirmando con su reacción los procesos iniciados, como el mejor aval de que esta vez, tras varios años de parálisis en Europa, la maquinaria institucional se ha puesto en marcha.

No es ninguna novedad que España quiere a toda costa evitar hacer uso del programa de compra de deuda que el Banco Central Europeo ha puesto a disposición de cuantos países con problemas de financiación lo soliciten. El mercado camina lentamente hasta tipos de contratación de las emisiones de deuda que podían hacer innecesario tal programa, pero sigue aún alejado de tal quimera: España no puede financiarse con los bonos a 10 años en el 5,7%, aunque se haya relajado la presión sobre los de plazo más corto. No puede el Estado, pero desde luego no pueden ni los bancos, que siguen acaparando la sospecha y la desconfianza financiera, y no pueden en absoluto las empresas, a las que se pide una prima sobre el propio Estado, que aunque ha entrado en vías de controlar sus cuentas, ha surgido, como no podía ser de otra forma, como garante último, cuando no único, de los bancos y Administraciones territoriales.

Cuatrocientos puntos básicos de riesgo país son todavía insostenibles. Puede aliviar al Tesoro en sus emisiones, pero no es nivel que haga financiable a la cuarta economía de la zona euro. Por tanto, Europa tiene que hacer más cosas, y España, sobre todo España, tiene que hacer más cosas.

Rajoy está ahora, como estaba en los primeros meses del año, dándole vueltas al cálculo electoral para tomar sus decisiones. Si entonces las elecciones andaluzas retrasó la presentación del Presupuesto y la reforma financiera, ahora son las gallegas (y las vascas) las que justifican la pasividad financiera y las largas a Europa y a los mercados para solicitar el socorro del BCE y el fondo de rescate. Cierto es que el fondo no está plenamente ratificado (Alemania no lo ha hecho aún oficialmente), pero no parece que los mercados de deuda estén por darle más recorrido bajista al bono a 10 años que el otorgado en las últimas semanas, en las que parecen haber huido del mercado los especuladores, que como muy bien decía el FMI en sus informes, eran responsables de cerca de 200 puntos de prima de riesgo. Tales ya han sido absorbidos, y ahora quedan los de la verdad, los imputables a los fundamentales de una economía que ha rebasado la deuda pública de los 800.000 millones y casi 76% del PIB. Por tanto, es el Gobierno el que tiene en su mano lograr nuevos alivios, aquellos que hagan sostenible la financiación y creíble su consolidación en precios accesibles para la inversión en un país que lo precisa como el oxígeno para respirar.

Los mercados han perdido la gravedad del pasado verano, cuando el propio euro parecía estar en riesgo. Hasta los precios de las compañías han recuperado valores alejados del abismo del mes de julio, cuando la Bolsa española perdía un 30% en el año. El impulso del nuevo programa de inyección de liquidez de la Reserva de Federal (nada menos que 31.000 millones de euros al mes en dinero nuevo para comprar bonos referenciados en activos hipotecarios) ha hecho su aportación. Y seguramente el compromiso de España de plantear nuevos recortes de gasto este mismo año si fuere necesario para cuadrar el déficit, también. Pero lo que moviliza la economía en el medio plazo es la reforma de sus estructuras productivas, a las que también se ha comprometido Rajoy para este mismo mes, junto con un Presupuesto que podría ser al menos tan contractivo como el vigente. Pero si tales ejercicios de proyección política y fiscal no movilizan al mercado, amén de los calendarios electorales, España tiene que poner las cosas en su sitio pidiendo la ayuda financiera.