TRIBUNA

El modelo de Kazajistán

Primero fue Túnez, después Libia. Ahora son Egipto y Siria los países que se enfrentan a la incertidumbre provocada por los recientes acontecimientos. Nadie es capaz de aventurar cómo van a evolucionar los gobiernos nacidos de la Primavera Árabe, cómo van a terminar las revueltas o en qué medida pueden extenderse a otros países.

Lo que parece indiscutible es que el mundo islámico está buscando su propio camino, un camino que haga compatible las creencias religiosas que sustentan sus sociedades con el progreso económico y social, y con los valores democráticos que defienden las capas más ilustradas y los jóvenes.

Sin duda, las circunstancias de cada país son diferentes y, por lo tanto, las salidas a sus crisis políticas lo serán también. En algunos casos se ha optado por reformas graduales, en otros por un islamismo moderado que defiende el progreso social y trata de evitar los abusos cometidos contra los derechos humanos por los regímenes derrocados.

Pero parece evidente que algo se está moviendo. Un indicio podría ser la presidencia de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) por parte de Kazajistán. Por primera vez un país no árabe encabeza la mayor y más influyente agrupación de países musulmanes, integrada por 57 estados con una población total que supera los 1.200 millones de habitantes.

Precisamente, hace ahora poco más de un año, Astaná, la capital kazaja, acogió la trigésimo octava cumbre de ministros de asuntos exteriores de la OCI, en la que se abordó el futuro de los países musulmanes y se trazaron nuevas líneas de actuación.

Entre estas destaca, por un lado, el incremento de la cooperación entre los países musulmanes y su participación conjunta en el ámbito internacional y, por otro, el diálogo internacional y el acercamiento de posiciones con los estados no musulmanes. Sin duda, Kazajistán tiene mucho que decir en este terreno, no solo porque ya ha demostrado, con su brillante labor diplomática, que puede servir de puente entre Oriente y Occidente, entre Norte y Sur. Sino también porque, pese a haber asumido la presidencia de la OCI en un momento muy complicado, en el que una profunda crisis económica asolaba buena parte del mundo y en el que la propia OCI estaba redefiniéndose, no dudó en liderar el esfuerzo para modernizarla y para poner en marcha medidas decisivas.

Algunas de estas medidas tienen una vertiente predominantemente económica, como por ejemplo las destinadas a potenciar los intercambios comerciales y las inversiones entre los países islámicos, el desarrollo de la cooperación tecnológica Sur-Sur, la innovación industrial y la colaboración en sectores estratégicos como el de la energía o los recursos hídricos.

Otras presentaban un matiz más marcadamente social, como el Plan de Acción Estratégico 2013-2022 en el ámbito de la salud o la creación de una Comisión Permanente de Derechos Humanos dentro de la propia OCI, cuya primera reunión tuvo lugar en Indonesia.

La experiencia kazaja demuestra que ambas dimensiones están íntimamente relacionadas y que la reducción de las desigualdades y el crecimiento económico ordenado son factores claves para lograr la paz social. La república centroasiática ha sido capaz de hacer una transición pacífica del modelo soviético a otro nuevo y ha logrado convertir la diversidad étnica, cultural y religiosa en una de las riquezas del país y en uno de sus puntos fuertes.

La estabilidad alcanzada ha permitido también cosechar grandes logros en el plano económico, como demuestra el hecho de que el PIB per cápita se haya multiplicado por 15 desde 1994.

Además, Kazajistán mantiene buenas relaciones con Rusia, China, Estados Unidos y la Unión Europea, su primer socio comercial, y en lugar de aislarse ha potenciado su papel internacional y ha convertido en un tanto a su favor su situación geoestratégica.

De hecho, en 2010 presidió la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y es un socio muy activo en varias organizaciones regionales como la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y la Comunidad de Estados Independientes (CEI), entre otras.

Por todo ello, el modelo kazajo podría servir como verdadera fuente de inspiración para otros muchos países, como en su día lo fue el modelo español.

Javier Gil Pérez. Profesor de Islam y seguridad en Asia del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado