EDITORIAL

Un inicio de curso agitado para el inversor

La vuelta de las vacaciones se presenta llena de incertidumbres para los inversores. España reinicia el curso bajo la presión de decidir si reclama o no un nuevo rescate del cual depende el respaldo efectivo -en forma de adquisición masiva de deuda pública española- del Banco Central Europeo. Durante las últimas semanas, los mercados han descontado un sí del Gobierno español a esa petición de ayuda, lo que ha relajado considerablemente la presión sobre la prima de riesgo y ha hecho repuntar un Ibex en fuerte retroceso. Pero se acerca la hora -será el próximo 6 de septiembre- en que el presidente del BCE, Mario Draghi, desvelará previsiblemente los detalles del nuevo papel que la entidad está dispuesta a jugar en esta crisis. Entre los flecos sueltos de esa estrategia figura el alcance y los plazos de la política de compras de deuda que el banco ofrece a España. De la mayor o menor contundencia de esa oferta dependerá la respuesta del Gobierno español, y de esta última, la consolidación o el final de la tregua que ha llegado a los mercados.

La petición de rescate de España a sus socios europeos resulta clave, en opinión de los expertos, para que el Tesoro afronte los próximos vencimientos de deuda con holgura y rebajar así el desorbitado coste de financiación que pesa sobre nuestro país. Solo si esa petición se materializa, dicen, España dispondrá del margen de maniobra suficiente para poder cumplir con el objetivo de ajuste fiscal exigido por Bruselas y aplicar, al mismo tiempo, unas reformas económicas destinadas a tratar de reactivar el esperado crecimiento. La agenda de citas de Mariano Rajoy para los próximos días incluye encuentros con los principales líderes europeos, por lo que es de esperar que se desvele cuanto antes una decisión sobre la que están puestos los ojos de la mayor parte de los inversores. Si la respuesta española es negativa, los analistas auguran fuertes caídas en el mercado bursátil. Entre tanto, la calma fría que provoca esta espera se traduce en más incertidumbre.

La agenda económica inmediata afronta otra gran incógnita: la letra definitiva del decreto que está llamado a regular la reconversión del sector financiero español. Una norma cuya urgencia es manifiesta y cuya aprobación no se puede retrasar más allá de la próxima reunión de Consejo de Ministros. Y no solo porque sea el plazo dado por Bruselas. El mercado aguarda con enorme expectativa a que se desvelen detalles cruciales, como la estructura del banco malo que permitirá sanear los balances de las instituciones problemáticas, cómo se gestionará o el alcance definitivo del nuevo papel del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) como organismo plenipotenciario para decidir el futuro de los bancos inviables. Muchas incógnitas para un mercado que necesita respuestas cuanto antes.