EDITORIAL

Mejorando los alquileres

El mercado de alquiler de vivienda ha sido siempre el hermano pobre del sector inmobiliario en España. La compra de piso se ha entendido, hasta ahora, como un objetivo vital, un signo de estabilidad y una buena inversión. No en vano, es la inversión más importante que asumen en su vida la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, la crisis vuelve a poner sobre la mesa las importantes posibilidades del alquiler frente a la compra, no solo desde el punto de vista de la economía doméstica y del derecho a vivienda digna, sino también como facilitador de la movilidad, tan necesaria para adaptarse al nuevo y difícil mercado de trabajo.

El plan del Gobierno para flexibilizar y fomentar el alquiler es una extraordinaria oportunidad para resolver esta grave carencia. Primero, porque da muchas facilidades a los propietarios para sacar al mercado los pisos que no ponen en alquiler por miedo a indefensión ante los inquilinos y porque busca el equilibrio entre arrendatario y arrendador, aunque el desahucio en 10 días se antoja como difícilmente aplicable con justicia. Y segundo, porque anima a la inversión empresarial, una causa pedida hasta ahora. Tres millones de pisos vacíos, un mercado de alquiler del 17% frente al 30% de media europea, y más de 700.000 casas sin vender -muchas, destinadas al banco malo- son argumentos suficientes como para poner todo el empeño.