COLUMNA

¿La austeridad crea empleo?

En la Unión Europea (UE) hay cerca de 25 millones de desempleados, y 4,62 millones de ellos en España, en el mes de junio, inscritos en el Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe).

En este sentido, las dificultades persistentes de la economía en la UE han conducido a un amplio debate sobre la conveniencia de aplicar medidas de austeridad presupuestaria o de crecimiento económico para salir de la crisis.

Para determinados expertos, las restricciones presupuestarias son una solución para aumentar la actividad económica. A estos procesos los denominan de contracción expansionista. Convirtiendo la reducción del déficit público y el control de la deuda pública en el principal objetivo económico. Se inspiran en los ejemplos de Canadá (1980) o de Suecia (1990). Pero estos ejemplos hay que analizarlos en su contexto. Dichos países, para restaurar su competitividad, procedieron, con la suficiente antelación, a devaluar sus monedas. Un margen de maniobra que no cuentan actualmente los países de la zona euro. Además, sus bancos centrales, a corto plazo, habían bajado sus tipos de interés.

Y lo que es muy importante, estos países han aplicado sus ajustes en un entorno donde sus vecinos tenían un escenario de crecimiento sostenible, lo que les garantizaba una demanda exterior adecuada para mantener su actividad económica. Lo que no es el caso de los países de la UE, que han realizado todos, al mismo tiempo, políticas de rigor presupuestario que conducen también a reducir su demanda de importaciones. De este modo, las restricciones presupuestarias se transmiten desde un determinado país a los demás socios vía comercio exterior.

Esta ortodoxia económica ha estado alimentada por Alemania cuya actitud es fácil entender, ya que desde el año 2000 aplicó un programa de austeridad de una amplitud inimaginable por sus socios europeos. Ese proceso genera que a los alemanes les cueste entender que los demás no hagan lo mismo que ellos hicieron en su momento.

Sin embargo estas políticas no han permitido aumentar la actividad y, por consiguiente, crear empleo. Desde que comenzaron a aplicarse programas de austeridad, primavera de 2010 hasta primer trimestre de 2012, no han conseguido ningún resultado positivo en términos de mercado laboral. En el caso concreto de España, en dicho periodo, el empleo ha disminuido en más de un millón de personas y el desempleo registrado crece en cerca de 700.000, según el Sepe. El Banco de España, en su último boletín, informa que "la actividad económica, en el segundo trimestre del año, ha seguido disminuyendo a un ritmo más intenso del previsto debido al menor consumo privado y el persistente deterioro del empleo".

Por otro lado, otros expertos opinan todo lo contrario, para hacer frente a la crisis e incrementar la demanda interior hay que aumentar los gastos o bajar los impuestos.

Esta medida de expansión presupuestaria se acompaña de un alza más que proporcional de la actividad. A este fenómeno, la teoría económica le denomina efecto multiplicador del gasto público.

Contrariamente a lo que opinan determinados expertos, los mercados no exigen solo austeridad: lo que esperan son razones creíbles para pensar que la deuda va a ser pagada. Evidentemente, ello implica también que las finanzas públicas no deriven de manera desproporcionada, pero también, y sobre todo, que el país en cuestión sea capaz de crear la suficiente riqueza. La austeridad debe encontrar el equilibrio necesario entre el control del déficit y el crecimiento económico.

En este sentido, los responsables europeos han alcanzado recientemente un acuerdo para un pacto de crecimiento y creación de empleo, gracias al nuevo equilibrio político en Europa, con la llegada del nuevo presidente francés, al destinar 120.000 millones de euros. Sin un cambio radical no se puede salir de la crisis.

Hay que considerar que la orientación demasiado restrictiva de las políticas presupuestarias de los Estados de la zona euro agrava la crisis; la austeridad generalizada, lejos de tranquilizar sobre la capacidad futura de los Estados para reembolsar sus deudas, produce el efecto contrario al generar inquietud e incertidumbre entre los inversores. Según Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, "la austeridad no puede ser la única respuesta a la crisis europea; los mercados financieros temen más a una caída de la actividad económica que al crecimiento de los déficits y la deuda pública".

Vicente Castelló. Profesor de la Universidad Jaume I de castellón