Ir al contenido
_
_
_
_
El foco
Tribuna

Invertir recortando

Las Administraciones pueden contribuir a dinamizar la economía. La solución que plantea el autor es poner en combinación la necesidad de los emprendedores con los excedentes de la Administración.

Para salir de esta crisis de deuda y para dinamizar la economía, el margen de maniobra financiero es muy pequeño y mengua constantemente al irse acumulando la deuda y al subir la prima de riesgo.

Pero hay algo que las Administraciones sí pueden hacer. Angustiadas por no saber cómo recortar gastos sin levantar heridas, las Administraciones, en realidad, cuentan con unos recursos excedentes de incalculable valor para los emprendedores (locales, equipos, personas) y esos recursos implican importantes partidas de gastos que no se pueden reducir. Los locales no pueden venderse, los funcionarios no se pueden despedir, los equipos no se pueden amortizar.

En efecto, su valor es inmenso ya que para los emprendedores estos capítulos requieren unas inversiones imposibles de financiar en las actuales condiciones del sistema financiero. En estas circunstancias, la economía se resiente aún más, las empresas cierran y la recaudación de impuestos se deteriora aún más.

¿Como interrumpir ese círculo vicioso? Si ponemos en combinación la necesidad de los emprendedores con los excedentes de las Administraciones, la solución aparece ante nosotros. Consiste en movilizar esos recursos convirtiendo los gastos en activos a largo plazo, prestándoselos al sector privado en forma de préstamos a largo plazo subordinados al éxito de los proyectos. ¿Cómo se hace esto?

1. En primer lugar, inventariar esos recursos materiales y personales. Incluir en ese inventario todos los recursos que no estando ociosos, podrían estarlo una vez revisada la utilidad del servicio que prestan.

2. En segundo lugar, desocupar esos locales, otorgar vacaciones pagadas interinamente a esos funcionarios no despedibles, agrupar y clasificar esos equipos y maquinarias.

3. Ofertar después a la iniciativa privada la cesión de esos recursos a un precio convenido (subvencionado parcialmente si es necesario) sin pedir pago inmediato, sino acumulando esos cobros en forma de una deuda subordinada al éxito del proyecto.

Pongamos un ejemplo: el Ayuntamiento de Estepilla tiene una barriada distante llamada Parcelada donde mantiene unos servicios municipales en unos locales amplios y céntricos de la barriada. El ayuntamiento necesitaría reducir costes, pero si cierra ese local, aún tendría que seguir pagando a los funcionarios y en el mercado de hoy no conseguiría alquilar o vender esos locales.

Con la fórmula explicada más arriba podría tal vez permitir que se instalara en esos locales un consultorio médico o un centro de día para ancianos, por ejemplo, cediéndole a la iniciativa privada el local, el personal administrativo, el mobiliario y los equipamientos. Ese negocio pagaría un alquiler mensual pero sin desembolsarlo, sino generando una deuda creciente con el ayuntamiento. El consistorio seguiría pagando los sueldos a los funcionarios que se quedaran en el centro pero recibiendo de la empresa privada el coste de la parte salarial de esos funcionarios, de nuevo sin desembolso sino acumulando deuda. El ayuntamiento solo pagaría a fondo perdido los costes de la Seguridad Social de esos empleados.

Uno de esos funcionarios tendría el papel de interventor de cobros y pagos, reservando un determinado porcentaje de los ingresos por facturación de la empresa para ir reduciendo la deuda. Esto continuaría hasta que (1) los ingresos superasen a los gastos y se convirtiera en un alquiler normal y una cesión total de los empleados (en situación de excedencia del ayuntamiento a partir de ese momento) o (2) que se acumulara el máximo de deuda permitida, momento en que se revaluaría la viabilidad del proyecto y se decidiría su posible cancelación.

Como se puede comprender, el peor escenario no es peor que el actual, dado que el ayuntamiento no incurriría en ningún coste que no estuviera incurriendo ya. Y al menos los consumos de electricidad, material, teléfono... serían ahorros directos durante la duración del proyecto aunque este fracasara.

Otras consideraciones

Cada Administración tiene la posibilidad de ajustar los precios de los alquileres y de los salarios para hacerlos altamente competitivos para la iniciativa privada y puede financiar esos proyectos sin cobrar intereses porque para el ayuntamiento no supone ningún flujo negativo de caja y por tanto no necesita financiarlo. Esto, de paso, ejercerá una saludable presión a la baja en el mercado de alquileres.

Si en vez de hacerse con un solo local se hace con muchos locales y muchos funcionarios, se puede crear una bolsa de locales y de funcionarios entre los que los ofertantes pudieran elegir. Se podría considerar reducir los salarios de los funcionarios mientras estén sin ocupación en esa bolsa para que estén incentivados para aceptar los puestos que se les ofrezcan. Esa menor retribución sería fácilmente aceptada teniendo en cuenta que se trataría de cobrar sin trabajar mientras durara esa situación.

Una interesante alternativa sería incluir, además de locales, la explotación de recursos turísticos mal explotados, tales como monumentos, castillos, museos, parajes naturales... Se podría involucrar otros recursos públicos, tales como las universidades para diseñar los métodos de explotación de esos recursos (facultades de Arquitectura, Marketing, Historia del Arte, Empresariales).

La iniciativa privada bien podría venir de los mismos funcionarios de la Administración. ¿Qué más puede desear un empresario que poder emprender pero con la red de seguridad de una excedencia y un proyecto financiado gratuitamente? Los funcionarios hasta la fecha han tenido fama de pasividad y conformismo. Eso tal vez haya sido por falta de motivación y de proyección profesional, como lo demuestran los funcionarios vocacionales (sanidad, enseñanza).

Y no olvidemos que no es imprescindible que los proyectos triunfen. Incluso aunque no triunfen, servirán para descargar temporalmente de los sufridos hombros de las Administraciones parte de sus necesidades de financiación a corto plazo.

No hay más que pasearse por cualquier pueblo o ciudad para ver la enorme cantidad de recursos ociosos o decadentes que tienen que soportar las Administraciones públicas. Incluso algunas obras mastodónticas, tales como residencias de ancianos, aeropuertos, polideportivos... podrían movilizarse parcialmente. Siempre habrá algún precio al que la iniciativa privada esté interesada en utilizarlo. Ese precio será un ahorro directo que merecerá la pena considerar.

Cuando la falta de moneda es un problema y cuando no podemos controlar la política monetaria, desmoneticemos el corto plazo y creemos riqueza movilizando los recursos que nos sobran.

Javier García Monedero. Presidente de Xada 72 Planificación Financiera SL

Archivado En

_
_