EDITORIAL

Muface y el servicio a los funcionarios

En muchos ámbitos de la Administración hay áreas cuyo buen funcionamiento suele pasar injustamente inadvertido. Son esos campos en los que se sabe sacar partido de los fondos públicos, donde se aprovechan adecuadamente las enormes posibilidades de las nuevas tecnologías y, sobre todo, en los que se funciona con un criterio basado en algo tan elemental como la eficacia. Es un ámbito en el que, lejos del vuelva usted mañana, se ha sabido encontrar la adecuada sintonía entre el buen uso de lo público y el servicio a los ciudadanos. En ese empeño está la mutualidad de los funcionarios, Muface, que da cobertura a más de 1,5 millones de personas. Históricamente, las cuentas de Muface han estado en positivo, pero la crisis ha empezado a hacer saltar las alarmas de los números rojos y en 2011 la mutualidad ha registrado pérdidas por valor de 45 millones de euros, el doble que el año anterior. Ese saldo negativo tiene su explicación lógica en la caída de ingresos por la congelación de empleo público y la correspondiente disminución de ingresos. Ya ha reducido ayudas y seguramente será necesario ajustar partidas, reorganizar funciones y aquilatar prestaciones, pero también es imprescindible que no pierda su razón de ser un servicio público que, sin ser meramente recaudatorio, ha demostrado su eficacia.