Tribuna

Sobre el 'rescatito' y el futuro del euro

Hace un par de años, con el inicio de la crisis financiera griega, auguré un futuro bastante negro para nuestra moneda única. Lamentablemente, parece que el tiempo me viene dando la razón.

El euro ha sido un intento fallido de armonizar las finanzas de una parte de la Unión Europea, siendo las causas del problema:

l No se integraron realmente las políticas económicas, dotando al BCE de competencias solo en materia de inflación y no de crecimiento económico y empleo, como sucede con otros bancos centrales.

l No se ha avanzado nada en la integración política y la cesión de soberanía real por parte de los Estados a las instituciones comunitarias. La evidencia más palpable de este fracaso fue el frustrado proyecto de Constitución europea.

l No hay armonización fiscal efectiva ni control real sobre los presupuestos de los distintos Estados miembros y regiones.

Es obvio que el euro ha aportado algunas ventajas a los países miembros, sobre todo la reducción de costes de transacción en las operaciones monetarias entre ellos, así como una notable estabilidad monetaria. Pero hasta aquí llegan sus bondades, pues ha contribuido a una mayor inflación, sobre todo en los países periféricos, y no deja de ser un convenio de pago como cualquier moneda, perfectamente sustituible o reversible, aunque el retraso en este paso cada vez pueda tener consecuencias más temibles.

Con el rescatito de 100.000 millones de euros al sistema financiero español solo hemos diferido el auténtico rescate al Estado español, ya que el ratio de endeudamiento público sobre el PIB se eleva hasta el 80% (el 85% considerando el objetivo de déficit para 2012 del 5,3%), niveles bastante próximos al 90%, que es donde se considera que se inicia la zona de riesgo para el repago. Pero además hay dos factores, el decrecimiento económico y el enorme endeudamiento privado del país (el mayor de lejos de la OCDE), que hacen prever incluso un escenario más pesimista en cuanto a la consecución del objetivo de déficit, y además aboca la salida de la crisis al crecimiento de las exportaciones, ya que la escasa renta disponible que las empresas y familias españolas tendrán durante bastantes años hace difícil imaginar una recuperación por el lado de la demanda interna.

El verdadero rescate de España supondría una necesidad entre 500.000 millones y 700.000 millones de euros, que es una cantidad tan inmensa que ni está dotada en los fondos europeos ni es previsible que ningún país de la zona euro (léase Alemania) vaya a dotar, máxime cuando España es solo uno de los garbanzos negros (honor que compartimos con las intervenidas Grecia, Irlanda, Portugal, y con otros países en dificultades como Italia, Chipre, Bélgica, e incluso el tapado Francia).

Por tanto, si España e Italia no son rescatables, en el momento en que se cierre el grifo de la financiación exterior a alguna de estas dos grandes economías se verán obligadas a salir del euro y a devaluar fuertemente sus nuevas divisas nacionales (entre un 30% y un 40%). Ello nos hará mucho más pobres, pero permitirá mejorar el coste de nuestra mano de obra y el precio de nuestro sobrestock inmobiliario, al menos hasta que la devaluación se traslade a los precios vía una elevada inflación. Pero coyunturalmente nos permitirá exportar más, y quizás así relanzar la actividad económica. Se trataría de un drástico ajuste nominal que podría reactivar la economía real.

Algunos efectos perversos, como la elevación de la factura del petróleo, la obligación de pagar un 40% más a nuestros acreedores extranjeros denominados en monedas fuertes o (lo más grave) el cierre de los mercados financieros internacionales a las multinacionales españolas durante al menos un lustro, son situaciones simplemente dramáticas y difícilmente solventables (el Estado, al recuperar la máquina de hacer dinero, sí sería financiable monetizando deuda). Dejando aparte el grave efecto político sobre la UE que el fin del euro supondría.

En resumen, que tenemos al euro en la UCI, al borde de la muerte clínica, y que su desaparición nos situaría ante un abismo económico terrible, aunque difícilmente evitable a estas alturas del partido. Espero equivocarme por el bien de todos. Si ya lo dijeron los mayas, que el 2012 se acababa el mundo…

Félix Aguado. Profesor del CEF