EDITORIAL

Una respuesta sistémica para salvar el euro

Ha tenido que temblar prácticamente la tierra bajo los pies de la gobernanza europea -con la permanencia de Grecia en la eurozona pendiente de los resultados electorales del domingo en el país, una España acosada por los mercados y la amenaza de un efecto contagio sobre Italia- para que Europa reconozca de forma oficial que la crisis de deuda soberana se ha convertido en un problema sistémico. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, alertaba ayer ante los representantes de la Eurocámara de que no todas las capitales europeas son conscientes de la "urgencia" de actuar a corto y largo plazo en la construcción de un dique de abrigo que proteja Europa. Barroso ha reclamado con firmeza lo que empieza a convertirse en un clamor en una parte de la eurozona y al mismo tiempo en un motivo de discordia frente a otra: la puesta en marcha de un calendario efectivo para avanzar hacia una unión bancaria, fiscal y política en la UE. Tras el llamamiento realizado por el presidente de la Comisión Europea -que apuesta por poner en marcha ese proceso en la próxima cumbre de los días 28 y 29 de junio- está el convencimiento de que la política llevada a cabo hasta ahora para auxiliar a los países asediados por la crisis económica y financiera no ha dado los frutos esperados. El rescate bancario a España ha sido, en ese sentido, paradigmático, dado que, pese al esfuerzo en materia de reformas realizado en tiempo récord por el Gobierno español y la suculenta ayuda comprometida por la UE, la presión sobre Madrid sigue siendo insoportable.

Desde Bruselas se reconoce ya lo que debería ser una obviedad: que estamos ante un problema con múltiples frentes y que, por tanto, la respuesta no puede ser unilateral o meramente parcial. "Estamos viendo que incluso cuando los Gobiernos adoptan los pasos correctos en materia de reformas pueden sufrir el impacto negativo de acontecimientos fuera de su control o por la falta de una respuesta decisiva y global a largo plazo", admitía Barroso ayer en su discurso. A la espera de conocer los resultados de las elecciones griegas del domingo y con la amenaza constante de que Italia sea la siguiente presa ante los mercados, la mirada de Bruselas está puesta, entre otras medidas, en una posible reforma de los actuales fondos de rescate. El objetivo es que estos puedan inyectar capital directamente en el sistema financiero sin involucrar a los respectivos Estados, tal y como España defendió -numantinamente aunque sin éxito- antes del rescate a la banca. Pese a las ventajas de esa medida, se trataría de un parche absolutamente insuficiente para hacer frente a un problema cuya magnitud crece día a día. A estas alturas, solo la construcción de una unidad integral en la Europa del euro puede frenar una crisis que amenaza con corroer sus cimientos.