Análisis

Un rescate bancario que sí tiene condiciones

El Gobierno ha experimentado en los dos últimas semanas cuán dura puede llegar a ser la presión de los mercados financieros si no confían en la economía del país y si sospechan que una parte significativa del sistema bancario está cerca de la bancarrota. Ha podido comprobar que los inversores internacionales se tragan en unas cuantas semanas el efecto benefactor que sobre la confianza pueden generar la más acelerada batería de reformas estructurales que se haya hecho nunca en Europa, y que colocan el riesgo-país en unos niveles tales que sacan al Tesoro del mercado. Convencido de que los financiadores ponían un precio demasiado elevado a la recapitalización de la banca, sea cual sea su cuantificación en las próximas semanas, ha terminado por solicitar a sus socios comunitarios una línea de ayuda para inyectar capital en los bancos fallidos (las cajas de ahorro fallidas), que no deja de ser un rescate, por muy circunscrito que esté al sector bancario.

La Unión Europea ha presionado de lo lindo en las últimas jornadas porque teme una tormenta incontrolable tras las elecciones griegas, y quiere dejar cerrado el frente español antes. Un resultado electoral en Grecia contrario a cumplir sus compromisos con la Unión, o incluso de los partidarios del abandono de la zona euro, pondría a la moneda única en el disparadero, y el ambiente se enrarecería de tal manera que se podía ir de las manos una cuestión como la crisis bancaria española, quizás arrastrando detrás al mismo Estado, que por su dimensión no sería rescatable a la manera tradicional. Hay que recordar que España es la cuarta economía de la eurozona, con un PIB de 1,1 billones de euros y una deuda pública del 80% de esa cantidad: palabras mayores incluso para una zona tan rica como Europa.

La operación ultimada ayer por el Eurogrupo estaba ya muy trabajada de jornadas anteriores, y en la fórmula utilizada, con la que la política económica del Gobierno sale indemne, tiene mucho que ver el trabajo diplomático y político de diversos miembros del Gobierno español en diversas plazas del globo en el último mes. El Ejecutivo de Rajoy quería evitar a toda costa un rescate explícito de la economía española; quería que el rescate se limitase a la banca dañada, y que las condiciones impuestas por los acreedores se limitasen a la banca fallida, por mucho que fuese el propio Estado (a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) quien pidiese la ayuda para bancos que tiene intervenidos y nacionalizados. Parece ser que lo ha conseguido; perece ser que "los hombres de negro" de la troika a los que se refería estos días Montoro no vendrán por aquí, salvo para visitar a los bancos en los que inyecten capital.

Pero la sociedad tiene que tener claro que esto tampoco es gratis. Tiene que saber que la banca pública que recapitalice el fondo de rescate europeo no tendrá sobre sus hombros la vigilancia laxa del Estado español, sino la estricta de esos hombres de negro que seguramente vendrán con una idea muy clara que hasta ahora España se ha negado a hacer desde que llegó la crisis: adelgazar brutalmente sus balances para producir esa reducción imprescindible de la capacidad instalada de la industria financiera, y que puede ser tan drásttica como la liquidación en algunos casos. Los intentos que en los últimos meses algunos gobiernos autonómicos querían hacer para mantener la ilusión de la regionalidad de algunas cajas ya nacionalizadas parece que tendrán que pasar a mejor vida.

Tiene que saber también la sociedad que España ha esquivado condiciones a su política económica, entre otras cosas, porque ya las estaba aplicando, ya las tenía interiorizadas; las reformas y los recortes de gasto eran ya moneda común, como si de un país en rescate se tratase; estaba ya practicando una especie de autorrescate por autoconvicción y por presión de los financiadores. Tiene que saber la sociedad, y tiene que saber sobre todo el Gobierno, que con un préstamo de 100.000 millones de euros (seguramente será inferior, pero este es el máximo posible para dar seguridad) que pese a que la condicionalidad se limite a la banca recapitalizada, Europa no permitirá ni un euro de desfase en las cuentas públicas en lo sucesivo, ni una broma más con déficits ocultos. Nada.