Secretos de despacho

Horizontes amplios desde los ventanales del Diego Murillo

El edificio al que da nombre el presidente de AMA alberga su luminosa oficina madrileña

Las cualidades que dicen que cimentaron el éxito de Diego Murillo (Zalamea de la Serena, Badajoz, 1939), su cercanía y expresividad, se ponen de manifiesto a los pocos segundos de acceder a su despacho. Una estancia impresionante por su amplitud, confort y elocuentes vistas de la capital, que Murillo hace más acogedora con sus maneras sencillas y conversación fluida, dejando atrás incluso el respeto o distanciamiento que podría producir el hecho de que el edificio en que se encuentra reciba el nombre del propio entrevistado.

El presidente de la Agrupación Mutual Aseguradora (AMA), el organismo que cubre los riesgos de la mayor parte de los profesionales de la salud en España, trabaja en este despacho miércoles, jueves, viernes y sábado. El resto de la semana lo pasa en Pontevedra, donde sus padres se trasladaron cuando apenas tenía tres años: el domingo, haciendo vida familiar y tomando el aperitivo con los amigos; lunes y martes, en la clínica ginecológica que es su último lazo con su profesión original, la medicina.

"Me toca mucho avión, pero ya me he acostumbrado después de 15 años de viajes semanales. Con retrasos y todo, es un buen momento para leer o ponerse al día con papeles", explica Murillo.

Respeta la opinión de sus subordinados en los temas técnicos del seguro, "que he aprendido poco a poco y tarde"

El continuo crecimiento de AMA, que ha gestionado en todo el camino desde unas decenas de mutualistas a los 600.000 actuales, le ha llevado a abandonar progresivamente su labor sanitaria para abrazar esa segunda vocación como gestor. "En 1973 ya me lancé a la creación de un sanatorio, que vendí en los últimos años. Mi hijo, que es cirujano plástico, no quería quedárselo; yo llegué a asistir 600 partos en un año, y él ahora puede llevar una vida más cómoda", explica.

El despacho de Murillo, que cuenta con una sala de reuniones separada por un cristal que se opaca a voluntad del usuario, es el lugar donde recibe a "presidentes de delegaciones de AMA, mutuas y asociaciones españolas, negociamos convenios...". En lo que se refiere a la gestión, Murillo dice respetar "enormemente" la opinión de sus subordinados en los aspectos técnicos de los seguros, "que yo he aprendido poco a poco y tarde. Puede que mi aspecto sea duro, pero soy más bien blando, y creo que sé escuchar a mis colaboradores".

En ese trato humano que todos consideran su fuerte fue donde cimentó el desarrollo de AMA desde su posición de presidente del Colegio de Médicos de Pontevedra, para ir incorporando sucesivamente a todos los profesionales de la salud: hoy son miembros de la mutua también enfermeros, veterinarios, odontólogos, fisioterapeutas o psicólogos. "Acabo de negociar la incorporación de los enfermeros de la Comunidad Valenciana, 26.000 mutualistas más", recuerda Murillo.

Son datos que aseguran repetir el buen balance del último ejercicio, con beneficios netos por encima de los doce millones de euros y una quinta posición en el ranking mutualista español. Excelentes datos, dentro de que el sector del seguro "es, junto al de la alimentación, el menos afectado por la crisis. En ese contexto, la nuestra es una empresa con los pies muy bien asentados. La gente valora nuestros servicios y prefiere recortar por otros sitios. Eso sí, se pierde negocio por ejemplo por la reducción en las compras de automóviles nuevos".

En gran medida, considera que esa buena evolución es debida a su propia clientela; lejos del lugar común que les señala como malos pacientes, para Murillo son "personas agradecidas, que siempre nos ha dado pruebas de fidelidad. Las pocas bajas que tenemos, que por supuesto hay algunas, casi siempre son entre gente joven, mientras los clientes de siempre siguen con nosotros y nos suman a sus hijos".

Donde se muestra bastante más prudente es a la hora de vaticinar cuál será la evolución de la economía española: "Dicen que seguiremos en dificultades hasta 2014 o 2015. Yo lo que pido sobre todo es, hasta entonces, sentido común por parte de todas las partes implicadas para que no nos metamos en problemas más gordos". Y aunque se reconoce con sinceridad como hombre de derechas, y tuvo responsabilidades en el Partido Popular, reclama "que sean castigados quienes deban serlo, en todos los estamentos, desde banqueros a políticos. El ejemplo islandés me parece interesante".

El fútbol y la familia, siempre presentes

En la conversación con Diego Murillo se filtran de inmediato pasiones ajenas al trabajo. La primera es la familia: el orgullo por sus 11 nietos resulta más que patente. Almuerza cada domingo con todos ellos y pasa con frecuencia las vacaciones en su compañía, con viajes como el que realizó, por ejemplo, esta Semana Santa a Costa Rica: "Reconozco que me gusta ir a lo cómodo, a un resort con todo incluido donde los chavales puedan ir a la playa, estar tranquilos cada uno a lo suyo, y disfrutar luego de ratos juntos". La otra es el fútbol, deporte con el que mantiene una prolongada relación. Como jugador amateur, como defensa central y medio, llegó incluso a probar con el Deportivo de La Coruña en los años sesenta, pero no consiguió convencer a sus técnicos. Sin embargo, reconoce que su corazoncito está con el eterno rival, el Celta de Vigo, y acude con frecuencia al estadio Balaídos: "Creo que este año subirán a Primera los dos equipos gallegos, que es donde deben estar. Peor es la situación del Pontevedra, que sigue en Tercera y ni voy a verlo".

Aunque sus visitas a los estadios sean irregulares, en cambio no falla a la cita semanal "con los amigos de siempre, de hace décadas", para la cerveza dominical. En muchos casos, es paso previo a una visita a su chalecito de Combarro, donde tiene un pequeño barco y encuentra el hueco para charlar con su esposa.

De su actividad política mantiene la amistad con la ministra Ana Pastor y una relación discontinua, pero afable, con Mariano Rajoy, que presidía la Diputación de Pontevedra cuando Murillo fue diputado provincial.