EDITORIAL

Una mala señal para el sector turístico

La ocupación turística durante las vacaciones de Semana Santa ejerce puntualmente de indicador anticipado sobre lo que el sector puede esperar, en términos de negocio, de la temporada de verano. A solo 15 días de que este tradicional periodo minivacacional comience, los datos no resultan halagüeños. Tanto el colectivo de hoteleros como el de agencias de viajes coinciden al advertir de las escasas reservas realizadas hasta el momento y de la posibilidad de que la Semana Santa se convierta en la primera etapa de un año pleno de dificultades para el mercado turístico. A la vista de esta falta de demanda, el sector teme que se produzca un fuerte recorte de ocupación respecto al anterior ejercicio y con él una vuelta a los desastrosos niveles de 2009, el peor año desde que se desencadenó la crisis. La explicación a este brusco descenso de reservas de cara a Semana Santa tiene que ver con el perfil de la ocupación turística, el 50% de la cual corresponde a viajeros nacionales. El repunte del paro y la dura política de ajustes que España tiene por delante son las razones que subyacen a este comportamiento. Una respuesta previsible si se tiene en cuenta la inestabilidad del actual escenario económico, en el que los consumidores se han visto obligados no solo a optimizar su presupuesto, sino también a ordenar sus prioridades. En esa lista de necesidades, el ocio ha quedado relegado tras el gasto en vivienda, alimentación, sanidad y educación. Por si fuera poco, si al principio de la crisis la caída del consumo se focalizaba en aquellas personas que habían perdido su empleo, ahora se ha trasladado a quienes conservan el suyo, pero desconocen durante cuánto tiempo. Ello constituye el modo racional de operar en términos de economía doméstica, pero supone un virus letal para el conjunto de la economía.

La industria del turismo sigue siendo uno de los pocos motores económicos que conserva España. El buen comportamiento en 2011 -con un 8% de crecimiento- constituye un motivo de legítima satisfacción, pero no permite dormirse en los laureles. Como el sector sabe bien, buena parte de ese balance se debe al turismo extranjero, que se ha beneficiado de los excesos de la primavera árabe al buscar en España la seguridad que ha perdido el norte de África. Pero al igual que una golondrina no hace primavera, un factor coyuntural como aquel no puede sostener un sector. El mercado turístico español tiene su lista de deberes pendientes -la mejora de las instalaciones, la correcta supervisión de los precios y la elevación cualitativa de la oferta-, pero su futuro depende, en último término, de una tarea conjunta: la vuelta al crecimiento de nuestra economía.