COLUMNA

La escasa fuerza de la izquierda europea

Puede haber algunas escaramuzas residuales, pero la resistencia contra el pacto fiscal de la eurozona no tiene muchas posibilidades de éxito.

La ratificación del tratado está siendo problemática en algunos países. Irlanda la someterá a votación popular, el partido laborista holandés -cuyos votos necesita el Gobierno en minoría- amenaza con oponerse, y el candidato socialista a la presidencia de Francia, François Hollande, aboga por una "renegociación" profunda si es elegido. En general, los partidos de izquierda europeos se oponen a una legislación que ven dictada por los defensores de la ortodoxia fiscal.

Los mercados no se han preocupado demasiado de los posibles riesgos de que el acuerdo fracase, y con razón. El tratado necesita el respaldo de 12 de los 17 países miembros de la eurozona para que tenga efecto. Sin Francia, el pacto perdería algo de su potencia y mucho de su significado político. Pero los requisitos principales del tratado eran ya plenamente aplicables en la ley europea. Ante la prisa de Alemania, los líderes de la eurozona simplemente acordaron consagrar estas reglas de una forma más solemne.

El mayor problema puede ser que las negativas a su ratificación serán vistas por los fanáticos de la austeridad como una justificación para los Gobiernos fiscalmente irresponsables para volver a sus viejas formas de actuación. Pero estos miedos son exagerados. Los rendimientos de Francia no se movieron cuando el país fue degradado por Standard & Poor's. Pero los españoles e italianos, que siguen rondando el 5% para los bonos a diez años, son un recordatorio poderoso del precio a pagar por los descuidos.

Probablemente sea tiempo para que las autoridades de la Unión Europea adopten un acercamiento más sutil, considerando los riesgos de que la actual recesión haga caer en picado a las economías. La flexibilidad mostrada con España la semana pasada fue bienvenida. Los partidos y los Gobiernos que propugnan el crecimiento están en lo cierto. Pero mientras los ayatolás ordenen el día a día, tienen pocas posibilidades de ser escuchados.

Por Pierre Briançon