TRIBUNA

Alabama y Misisipi: la batalla del sur

Mucho se habló del supermartes, que dejó las cosas como estaban: Romney en cabeza, sin consolidarse como líder republicano. Aquel día votaron 10 estados. En cuatro días se han celebrado, y habrá elecciones, en nueve estados: tanto valor como el supermartes: quizá más, porque los candidatos se sumergen en el sur: hoy hay elecciones en Alabama -que Santorum denomina "el corazón del conservadurismo"- y en Misisipi. Son dos estados muy propicios para que Santorum y Gingrich obtengan hoy buenos resultados. El electorado es extraordinariamente conservador. No hace falta ser experto en consultoría política: basta con haber visto películas como Sweet home Alabama (Alabama, dulce hogar) y Arde Misisipi. Simplificando mucho: para el común de los mortales, Alabama y Misisipi son estados de extrema derecha (es un estereotipo: hay de todo, como en botica), frente a California y Nueva York, ejemplos del progresismo extremo.

Romney tenía, hasta hace dos meses, unos altos índices de simpatía entre todos los votantes a escala nacional. Pero, al enfrentarse al sur, donde algunos dicen sigue ondeando la bandera de la Confederación, Romney ha radicalizado su discurso, todo lo que ha podido, hacia la derecha. Hasta la famosa Ley de Inmigración de Arizona -inconstitucional- le parece ahora poco: quién le ha visto y quién le ve. El electorado tiene memoria: hoy, el 39% de los americanos le consideran bajo un prisma negativo y un 28%, con simpatía: mal augurio cara a las presidenciales. Entre los que deciden el resultado electoral -los independientes-, sus índices son aún peores: 22% le apoyan y 38% no pueden ni verle. El creciente voto latino se manifiesta cinco a uno contra él. Pero Romney quiere conquistar el corazón del sur. ¿El punto de partida?

Hoy, Romney tiene 455 delegados; Santorum, 199; Gingrich, 117, y Paul, 64. Para conseguir la nominación, Romney necesita aumentar en un 40% sus delegados. Alabama y Misisipi ofrecen a Santorum la posibilidad de convertirse, por fin, en la auténtica y genuina alternativa conservadora, a Romney. Si Gingrich quiere conservar una mínima credibilidad, necesariamente, ha de conseguir buenos resultados hoy. De otra manera, lo sensato sería retirarse, como le pide ya, abiertamente, Santorum. Pero Gingrich quiere -como Paul- seguir hasta el final, con la esperanza de poder conseguir algo en la convención de Tampa: un número suficiente de delegados le permitiría negociar con Romney un buen puesto en la nueva Administración si pierde Obama. El presidente ya tiene un índice de aprobación de su gestión del 48% versus el 46% de desaprobación. Crecimiento económico del 2% y tres meses generando empleo por encima de las 200.000 personas, mensualmente. Su maquinaria electoral, con sede en Chicago, está engrasada, utiliza las últimas tecnologías y no deja de recaudar muchísimo dinero. Mientras, los republicanos se desangran. Una mujer que ha protagonizado muchas campañas electorales, esposa de presidente, madre de presidente, Barbara Bush, fue aclamada en Texas cuando dijo que no había sido testigo de "peor primaria republicana que la actual".

Santorum ganó en Kansas (sur) con el 51%: Romney obtuvo un 21% y Gingrich, un 14%: malos augurios para este conservador. En Wyoming, Romney salió victorioso (44%); Santorum consiguió el 28%. Romney obtuvo más delegados que sus contrincantes en Guam, en las Islas Marianas del Norte y en las Islas Vírgenes.

¿Qué pasará hoy? Están en juego Alabama (50 delegados), Misisipi (40), Hawai, estado natal de Obama (20), y Samoa Americana (9). En Alabama, las encuestas dicen: Gingrich (27%), Romney (26,3%) y Santorum (25%). Sí, Gingrich ganaría a Romney por +0,7%, pero la asignación proporcional de delegados dejaría las cosas como están. La situación se repite en Misisipi: Gingrich (33), Romney (31), Santorum (27). En Hawai estaría en cabeza Romney (24), seguido por Gingrich (8).

Estos resultados manifestarían que en Alabama y Misisipi el 50% de los votantes conservadores optarían por Romney: no porque les guste, sino porque le ven capaz de vencer a Obama; y que el corazón del sur está dividido entre Santorum y Gingrich, dándole a este argumentos para seguir en la carrera. The Economist, Time, Newsweek, FT y WSJ están de acuerdo en que, con estos mimbres, los republicanos seguirán pegándose durante semanas o, incluso, meses. Obama puede estar tranquilo, imponiendo sanciones más duras a Irán, torciéndole el brazo nuclear a los norcoreanos y discutiendo con Netanyahu. Si Barbara Bush tuviera razón, entonces Obama no tendría mucho de qué preocuparse.

Jorge Díaz-Cardiel. Socio director de Advice Consultants. Autor de 'Obama y el liderazgo pragmático' y 'La reinvención de Obama'