Draghi pisa el freno ante la presión alemana

¿Puede explotar el balance del BCE?

¿Cuál es el límite de Draghi? Parece que tres billones de euros en un balance lleno de garantías cada vez más laxas y el temor a que el sistema no sea capaz de caminar solo le han hecho pisar el freno.

El presidente del BCE, Mario Draghi, en la sede de la institución monetaria.
El presidente del BCE, Mario Draghi, en la sede de la institución monetaria.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha demostrado una independencia frente a Alemania fuera de toda duda. Ante la histeria germana por una inflación descontrolada, bajó los tipos de interés desde el 1,5% al 1%; contra las críticas a la compra de deuda de países con problemas, mantuvo inalterable el programa de adquisición de bonos soberanos, y ha hecho dos megasubastas de liquidez a la banca pese a las reticencias centroeuropeas a una contaminación del balance del BCE con garantías procedentes de entidades bajo sospecha.

Pero ha llegado la hora de echar el freno. El programa de compra de deuda soberana lleva tres semanas paralizado y no hay una tercera barra libre a la vista. ¿Por qué?

No hay una única explicación, pero sí varias circunstancias coincidentes. La primera es la necesidad de dar tiempo al sistema para digerir el billón de euros que ha entrado como resultado de las dos subastas en las que se dio a la banca todo el dinero que quisiera a tres años de plazo y a un 1% de interés. "Es el momento de esperar acontecimientos y ver cómo se resuelve la situación económica", explica Rafael Romero, director de inversiones de Unicorp. "Son los políticos los que deben tomar medidas para mejorar la operativa de los mercados interbancarios", añade.

El miedo que queda en el aire es que los Gobiernos y los bancos se acostumbren a obtener liquidez de un lugar donde solo puede proceder en una economía enferma y que no tomen medidas para sanarse. "Ahora la pelota está en el tejado de los Ejecutivos y otros actores; son ellos los que tienen que sustentar la recuperación", aseguró Draghi tras la reunión mensual del BCE de este jueves.

Se redobla la presión germana

Pero también hay una segunda explicación: una presión redoblada desde Alemania en los últimos días sobre los excesivos riesgos que está tomando el BCE para combatir la crisis de la deuda europea. Y ya no son amenazas veladas e inconcretas. Vienen por escrito, como demuestra la carta del presidente del Bundesbank, el banco central germano, clamando contra la relajación de las garantías que deben aportar los bancos para participar en las subastas, o las declaraciones a periódicos alemanes del dimisionario ex economista jefe del BCE alertando contra la salud de las finanzas del supervisor europeo.

Y eso, con un balance que se ha disparado a niveles históricos y que ha superado por primera vez los tres billones de euros, es difícil de ignorar para el BCE.

Este crecimiento de los recursos en manos del BCE no es una sorpresa para nadie. Dos subastas multimillonarias, que suman más de un billón de euros concedidos a la banca europea, no podían provocar un efecto muy distinto. Pero lo que se cuestiona, sobre todo, es la calidad de ese balance, lleno de las garantías que los bancos han dejado como aval de la liquidez que han tomado y con deuda que se cambia de plazos cortos a los más largos. Si ya en la primera subasta provocó dudas, muchas más se alzaron cuando el BCE abrió la mano para que se relajaran las contrapartidas en la segunda barra libre a tres años y dio más libertad a los bancos centrales nacionales para aceptar casi cualquier cosa.

Es verdad que no le quedaba mucho más remedio si quería otro éxito en la segunda subasta. Ya en la primera, los principales bancos aportaron muchas de las garantías que tenían así que para la segunda era necesario admitir más activos. ¿Por qué? Con el mercado mayorista casi cerrado y una imposibilidad práctica de que las entidades logren garantías adicionales con nuevas emisiones, el objetivo era conseguir que los mismos bancos que fueron a la primera pudieran repetir y también abrir el foco para que acudieran entidades más pequeñas.

El miedo a las nuevas garantías

El resultado es que también la segunda subasta fue un éxito, pero la consecuencia ha sido una presión que incluso obligó a Draghi a salir en defensa de su actuación en su intervención del jueves ante la prensa. "Los descuentos que se aplican a las nuevas garantías adicionales son mucho mayores, lo que iguala el riesgo de estas contrapartidas a las admitidas anteriormente", remarcó.

"La Reserva Federal también ha tenido que elevar mucho su balance para afrontar la crisis y las medidas que se han puesto en marcha para combatirla", explica Estefanía Ponte, directora de análisis y estrategia de Cortal Consors. "No hay un peligro de que vaya a explotar el balance del BCE", sentencia. A su juicio, la presión sobre los riesgos asumidos por el supervisor europeo es más una forma de presión por parte de Alemania. "Hay que recordar que son muy monetaristas y la política de aumentar el balance con activos de menos calidad les pone nerviosos". Simplemente, va en contra de la ortodoxia del Bundesbank.

Otro tema es lo que puede pasar con la acumulación de garantías a mayores plazos y con deuda soberana de los países europeos con más problemas. "El asunto más delicado era Grecia y solo hay que ver cómo lo ha solventado el BCE", apunta Ponte. El supervisor ha logrado un trato más favorable que el resto en el canje de la deuda y no asumirá pérdida alguna, así que hay que confiar en que con el resto también saldrá airoso.

¿Hay peligro de inflación?

Eso sí, Draghi ha mostrado por primera vez un claro anhelo de cierta ortodoxia. "El BCE tiene que volver a una política clásica, normal", aseveró. Por el momento, el presidente del supervisor se ha tomado un descanso que contentará a Alemania y que podría ser largo si la esperanza del banquero central se hace realidad y el dinero que se ha prestado a los bancos llega finalmente a la economía.

En ese momento, sí será clave recuperar el tono duro en el BCE, según coinciden varios economistas. Si todos los fondos prestados llegan efectivamente a los usuarios finales, el riesgo ya no será el balance del supervisor, sino la inflación. "Pero en cuanto vean las señales, tomarán las medidas necesarias", remarca Estefanía Ponte. Igual que se está trabajando desde el BCE para contener la crisis, se tomarán las medidas oportunas cuando la luz empiece a verse al final del túnel. Por ahora, por tanto, y pese a las alarmas que resuenan cada día desde Alemania, el único riesgo que ven la mayoría de los expertos españoles es que las medidas de Draghi no den pronto el resultado deseado, nunca que se hayan tomado.