Los ajustes draconianos acabaron con la tímida recuperación
Brotes verdes
Brotes verdes

¿Qué fue de los brotes verdes de Salgado?

España ha perdido más de un millón de empleos desde que el anterior Gobierno hablase de punto de inflexión. Las previsiones para 2012 auguran una recaída en el agujero.

Después de los últimos jarros de agua fría en materia macroeconómica (notablemente, el desvío del déficit público de 2011 en 2,5 puntos de PIB respecto a la previsión del 6%, el panorama a corto plazo resulta desolador. El Gobierno ya anticipa una caída de actividad superior al 1% durante este año, en el que seguirá creciendo el paro hasta rondar los seis millones de personas y, a buen seguro, espera un ajuste fiscal aún más duro que el anunciado la víspera de Nochevieja.

En este entorno tan poco halagüeño, tiene su morbo echar la vista atrás y comprobar que están a punto de cumplirse tres años desde que la exministra de Economía Elena Salgado hablara de "brotes verdes" para referirse a los síntomas del resurgir económico que creía intuir. En concreto, el aumento de afiliaciones a la Seguridad Social registrado en mayo de 2009, la mejora del índice de confianza del consumidor o la suavización del descenso en la actividad constructora.

Las cifras, que denotan bien a las claras que los dichosos brotes no terminaron de germinar, pueden resumirse en una: hoy hay en España un millón largo de parados más que cuando el Gobierno socialista hablaba de punto de inflexión.

Opinión compartida

No era el único en hacerlo: la reunión de gobernadores del Banco de Pagos Internacionales celebrada en Basilea en mayo de 2009 supuso un desfile de mandatarios económicos hablando de botellas medio llenas. El entonces presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, afirmó que "por lo que toca al crecimiento, la economía se encuentra alrededor del punto de inflexión del ciclo". El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, habló de "cierta cantidad de buenas noticias", y de "indicios de que lo peor se produjo en el primer trimestre [de 2009]". También el indicador compuesto de la OCDE, referido a los países más industrializados, dibujaba entonces un menor ritmo de deterioro de la actividad. Desde el ámbito privado, la fundación de cajas de ahorro Funcas decía entonces que el mayor ajuste del consumo de los hogares se había situado en el trimestre anterior.

Lo cierto es que en los tres años de referencia se han producido no uno, sino dos puntos de inflexión, hasta llegar a la temida salida en W de la crisis.

El consumo de los hogares cayó en el primer trimestre de 2009 un 0,4%, el menor deterioro desde el arranque de la crisis, y ya en el segundo trimestre volvió a niveles positivos. El tirón aguantó hasta crecer un 1,5% en el segundo trimestre de 2010, pero los números rojos volvieron entre junio y agosto de ese año, con otra caída del 1%. La incidencia psicológica del ajuste queda aquí meridianamente clara: en mayo había tenido lugar el giro copernicano de la política económica del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, traducido en el mayor recorte de gasto del actual periodo democrático.

Más notable todavía es el impacto sobre la inversión empresarial: la formación bruta de capital fijo pasó de crecer un 4,4% en el segundo trimestre de 2010 a caer un 5,1% inmediatamente después del ajuste. También ahí se produjo una inflexión en las tendencias inversoras en vivienda y construcción, que pasaron de moderar su deterioro a agudizarlo.

En cuanto al PIB, que resume la evolución de todas esas variables, también a principios de 2009 seguía una senda de moderación en sus caídas, hasta llegar a crecer tres décimas en el segundo trimestre de 2010. De nuevo, el ajuste de mayo de ese año quebró la tendencia, para llevar al PIB al estancamiento.

Aunque agudizado aquí por el entorno laboral y la debacle de la construcción, el fenómeno no se circunscribe a España. Los ajustes exigidos por los programas de estabilidad han llevado al conjunto de la zona euro a una nueva recesión, dos años y medio después de dejar la anterior. Frente a los evidentes beneficios a largo plazo del rigor fiscal, la experiencia reciente ha demostrado su lado oscuro: la retirada de la aportación del sector público a la actividad se realizó antes de que el impulso privado hubiese adquirido suficiente fuerza. El eterno debate entre neoliberales y keynesianos sigue, pues, en el aire.

Al otro lado del Atlántico, la aproximación a la salida de la crisis está siendo bien distinta, igual que sus resultados. Después de superar el 10% del PIB en 2009, el déficit público de Estados Unidos apenas se ha moderado en un punto de PIB, y el año pasado todavía rondaba el 9%. La Administración Obama ha optado por no retirar los estímulos públicos de forma tan radical como lo ha hecho Europa, y, mientras la zona euro vuelve al agujero de la recesión, EE UU presentó en el último trimestre un crecimiento anualizado del 3%. En su caso, la Reserva Federal ha cercenado cualquier posibilidad de especular contra la deuda del país, una táctica que el Banco Central Europeo apenas ha explorado.