EDITORIAL

El error de crear falsas expectativas

La prudencia del gobernante de la que hablaba Aristóteles es una de las virtudes menos comunes en la vida política, y de ello hay ejemplos en todos los Gobiernos. El último lo escenificaba el viernes el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, al asegurar en un encuentro con pymes que los proveedores de ayuntamientos y comunidades autónomas podrían cobrar "de inmediato" sus facturas, dado el "avanzadísimo" estado de tramitación del plan anunciado por Cristóbal Montoro para abonar las deudas de la Administración. Horas después, la vicepresidenta del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, echaba un jarro de agua fría y recordaba que la propuesta requiere reformar normativas y pedir facturas, lo que obligará a retrasarla como pronto hasta mayo. La complejidad de la puesta en marcha de una medida de este calado en un entorno como el actual es evidente. Por parte del sector financiero, cuya participación es necesaria para ponerlo en marcha, existen recelos comprensibles ante la idea de precipitar los tiempos. No en vano la propuesta hace descansar en los bancos y en el ICO el mecanismo de pago de las deudas, además de incluir el aval del Estado. En esas condiciones, aplazar la iniciativa hasta resolver flecos pendientes resulta tan razonable como imprudente ha sido la creación de expectativas falsas.