Una hoja de ruta sindical tras la reforma

Los sindicatos han probado sus fuerzas en la calle tras la reforma laboral aprobada por el Gobierno. No les ha ido mal: han movilizado más gente que hace año y medio, pero no deberían dejar que este simple incremento del malestar social sedase su espíritu negociador, o lo que quede de él. La situación económica y laboral es muy grave y la reforma es, punto arriba punto abajo, imprescindible para, con otras muchas reformas, recomponer el crecimiento del país. Por tanto, desde ahora, negociar para recomponer parte de lo que consideran desequilibrado. Pero, sobre todo, negociar.

Movilizar a la gente es ahora más fácil que hace año y medio: está la derecha en el poder, la izquierda política descompuesta busca argamasa para reconstruirse y los sindicatos han recibido una cornada profunda en la reforma del mercado de trabajo aprobada por Rajoy. Hace año y medio la reforma laboral era un placebo formal a la medida de quien no cree que la solución esté en cambios radicales de la norma, de quien defiende un proteccionismo excesivo de los trabajadores, de quien ha observado mes tras mes cómo se destruye empleo hasta los insoportables niveles actuales.

La reforma actual es una auténtica reforma, aunque sigue habiendo expertos que la consideran corta para los problemas laborales que tiene España. Como tal, trata de descomponer la legislación franquista, golpea el poder sindical en las empresas y reduce las barreras de protección de los trabajadores a los niveles europeos. No es anormal, por tanto, una mayor respuesta en la calle a la iniciativa, porque estos cambios a la gente le cuesta asumirlos.

Los sindicatos estaban muy preocupados por el grado de deslegitimación que estaban alcanzando durante la crisis, fundamentalmente por pasividad ante lo que ocurría en la economía. Por ello han caminado con pies de plomo desde que Mariano Rajoy llegó al Gobierno. Se apresuraron a cerrar un pacto de moderación salarial por tres años, corrigiendo el despropósito que ellos mismo habían cometido con la patronal de Díaz Ferrán antes, y han hablado de huelga general ahora con la boca pequeña y a largo plazo.

Ahora la situación no es como hace dos años. El desempleo roza lo insoportable; la mayoría del país es consciente de la gravedad de las cosas y ha otorgado mayoría absoluta a Rajoy para hacer las reformas que Zapatero no se atrevió a hacer; y la reforma está en vigor desde hace dos semanas, y sólo puede ser modificada en el trámite parlamentario en cuestiones de detalle, no de fondo, y donde la negociación sindical es sólo una parte de la negociación.

A esos detalles deberán agarrarse los sindicatos para recomponer sus posiciones. La presión sin resultados en la negociación es inútil, porque convierte la confrontación en un fin en si mismo, cuando sólo puede ser un medio. Otra cuestión es que las centrales, o una poarte de ellas, quiera convertir la presión, la movilización, la huelga, en un fin claramente político, de desgaste continuo al Gobierno. Fuentes sindicales sospechan que la UGT puede encontrar un programa de actuación a su medida en convertirse en el refugio político del Partido Socialista, en un mecanismo de recomposición política de un partido muy castigado en las urnas. Esa tentación, presente en muchos sindicalistas de la UGT, estaría en contra del giro al que Redondo y Zufiaur llevaron a la UGT en los noventa, que defendía la independencia sindical de todo poder político, incluído el PSOE.

Lógicamente ese paradigma cambió con Zapatero, líder que con el andar de los años ha puesto en revisión todas las posiciones históricas del PSOE, y encontró su referencia en la UGT en Cándido Méndez, quien, abrumado por la situación financiera de la central (cierto es que se la encontró quebrada), recompuso los lazos por medio de ministros como Jesús Caldera y Valeriano Gómez.

Comisiones Onbreras, que había consolidado su posición mayoritaria en el sindicalismo con un uso medido de presión y negociación, que había aportado soluciones a los problemas del país con José María Fidalgo, que había puesto el empleo por encima de cualquier otra consideración económica o social, tiene en revisión su estrategia. Ahora sus dirigentes tienen que medir muy bien sus movimientos para lograr rentabilizar la movilización y el diálogo, si es que finalmente se produce, para no dejarse arrastrar por una estrategia que no es la suya, es la de la UGT.

No es un camino fácil. Pero si lo desechan, tendremos huelga general en octubre o noviembre, y, además, como el ajuste del empleo no ha concluído, cuando se convoque el paro se utilizará el argumento de que la reforma solo ha generado más desempleo. Algo que seguramente será inevitable, puesto que hay miles de empresas con al agua al cuello, y bien podrían optar por ajustar antes de generar nuevo empleo.

Comentarios

Sr. Vega, los trabajadores nos hemos movilizado contra la política de un gobierno claramente lesiva para los derechos de los trabajadores y que mintió en la pasada legislatura, en campaña electoral y en el debate de investidura. Sólo desde un cinismo provocador y un tanto desvergonzado se puede argumentar que, una vez esquilmados los derechos laborales de los trabajadores por la contra reforma laboral, ahora deben de negociar los trabajadores para conseguir del mal el menor.Sigue Vd. empeñado en demonizar a los sindicatos y sinceramente creo que, aparte del gobierno, Aguirre,los medios de la caverna y Vd., nadie medianamente riguroso puede desconocer el papel moderado y moderador que han jugado las centrales sindicales, contribuyendo decisivamente a la consolidación de la democracia y al avance del estado de bienestar que tanto ha beneficiado a los ciudadanos y a la economía de este país.Los trabajadores de este país estamos seriamente preocupados porque vemos que los mismos neocons que nos decían que no era necesario regular al mercado, ahora, que padecemos la catástrofe económica que dicha desregulación nos ha traido, nos imponen una contra reforma que supone dejar en manos del libre albedrío de los empresarios la potestad para fijar las condiciones laborales, poder reducir los salarios y proceder al despido libre.No le quepa la menor duda que los trabajadores defenderemos nuestros derechos, bien en la negociación, bien en los tribunales, bien en la calle y para ello ahora como nunca debemos estar unidos, organizados y bien representados por esas centrales sindicales que Vd. tanto se empeña en descalificar y deslegitimar, aparte de tratar de dividir y enfrentar.Por último, decirle que no le hacen ningún favor las lindezas insidiosas que desliza Vd. en contra de las centrales sindicales y los trabajadores. Es anacrónico y está fuera de lugar la alusión al papel de correa de transmisión que Vd. adjudica a los sindicatos y me parece pueril su calificación de sindicato bueno (negociador) versus sindicato malo (al servicio del PSOE). Es raro que no se le haya ocurrido que el gobierno del PP está al servicio de la CEOE. En fin, si no es capaz de ofrecer un análisis objetivo, riguroso y ponderado a pocos lectores les va a interesar sus opiniones al respecto.
Hay muchas actitudes anacrónicas, luis, pero estoy completamente de acuerdo con J. A. V. Cuesta mucho asumir la deslegitimación sindical, por causa de los despropósitos que ellos mismos han cometido; les (¿Os?) cuesta mucho aportar soluciones aunque haya que hacer cambios radicales en vuestros modos de ver las cosas. Nadie quiere la pérdida de los derechos de los trabajadores, pero los trabajadores deberían ser más cautos al acudir a unas manifestaciones en la que su trasfondo no es la defensa de sus derechos sino otras cosas. No hay más ciego que el que no quiere ver.
Perdona Pilar, pero imagino que sabrás que poco antes del decreto de la contra reforma laboral las centrales sindicales y la CEOE habían llegado a acuerdos sobre moderación salarial y flexibilidad laboral así como condiciones de descuelgue del convenio colectivo para empresas en dificultades. En cuanto a despropósitos y abusos créeme si tedigo que los treabajadores y las propias centrales sindicales somos los primeros interesados en corregirlos, pero no creo que te sorprenda que hay empresarios que en cuanto a abusos, corrupción y otras tropelías superan con creces los casos que pudieran darse entre sindicatos y trabajadores y a mi no se me ha ocurrido generalizar ni deslegitimar a las organizaciones empresariales ni a los empresarios como hace sistematicamente el Sr. Vega con los trabajadores y sindicatos y como al parecer pretendes hacer tú. Mira Pilar, Rajoy y la CEOE son los primeros en decir que con esta contra reforma no se creará empleo y que durante 2012 seguirá aumentando el paro y es de conocimiento general que sólo volverá a crearse empleo cuando se produzca la reactivación económica, cosa que no favorece en absoluto las directrices económicas actuales impuestas por Merkel. Luego si con esta contra reforma laboral no se va a crear empleo, ¿ que sentido tiene la misma que no sea precarizar el empleo, disminuir los salarios, implantar condiciones abusivas y dar potestad a los empresarios para despedir a los trabajadores? No creo que tú ni el Sr. Vega seáis los que tengáis que decirnos a los trabajadores cuando tenemos que acudir a manifestaciones cuyo objeto es mostrar nuestro descontento y rechazo a un decreto que se carga de un plumazo los derechos laborales de los trabajadores, retrotrayéndonos a finales del XiX, y que pone de manifiesto las mentiras que el partido del gobierno con Rajoy a la cabeza nos dijeron en campaña electoral y en el discurso de investidura.En cuanto a la ceguera, aplícate el cuento ya que creo que os afecta mucho más a ti y al Sr. Vega que a mi; yo al menos te aporto argumentos basados en la realidad de los hechos, tú y el Sr. Vega lo único que hacéis es dar opiniones, en algunos casos claramente tendenciosas, y con el único objetivo de desprestigiar y descalificar a los trabajadores y a las centrales sindicales, y, creeme si te digo, que esta no es la manera de encontrar soluciones ni de llegar a acuerdo alguno.Un saludo.
Evidentemente: lo que tratamos es de dar opinionea al respecto (o trato). En ningún modo creo que sean tendenciosas. De ninguna manera pretendo desprestigiar ni deslegitimar a trabajadores ni a sindicatos. Desde luego que el debate es una manera de encontrar soluciones para llegar a acuerdos. Para nada niego la validez y la eficacia de los acuerdos a los que han llegado las partes cuando ha habido voluntad de llegar a acuerdos, pero no me negarás que atrincherándose en sus privilegios, tanto unos como otros, han dejado de realizar su función de una manera apremiante para lograr el único objetivo que les corresponde y que de haberlo realizado en tiempo y forma habría evitado el drama que han llevado a multitud de empresas a cerrar y a millones de trabajadores al paro. Hablar de cegueras, de mentiras, de aportar argumentos, de realidades y de hechos, requeriría consultar o leerse lo último publicado en este mismo medio pero desde luego que no voy a ser yo la que te explique cual es el sentido último de esta reforma, cuando probablemente no te has leído no la exposición de motivos de la ley y de dejas regir por las consignas que te dictan desde no sé dónde. De abusos, corrupciones y tropelías podrían escribirse , y leerse, tratados enteros. Te creo que haya voluntad de corregirlos pero, del dicho al hecho hay mucho trecho y a mi sindicato y a mi patronal tendré que decirles que hagan el favor de ponerse manos a la obra para salvar mi empresa sin despidos traumáticos. Un beso.
Normas
Entra en El País para participar