El plan franco-alemán pretende eliminar de facto la posibilidad de un impago

París y Berlín exigen a Grecia que otorgue prioridad absoluta a sus acreedores

París y Berlín exigieron ayer a Grecia, como condición para un segundo rescate, que reconozca la supremacía de sus acreedores sobre cualquier otro capítulo presupuestario. La medida pretende blindar el servicio de la deuda y privar a Atenas de la posibilidad de amenazar a los inversores internacionales con una suspensión de pagos.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, dieron ayer un espectacular paso hacia la conversión de Grecia en un protectorado económico y financiero controlado por el resto de la zona euro. Con una propuesta sin precedentes, y siguiendo un plan de inspiración alemana, Sarkozy reclamó en París, tras reunirse con Merkel, que Grecia "deposite los intereses de su deuda en una cuenta bloqueada". "De esa manera", añadió la canciller durante la rueda de prensa celebrada en el palacio del Elíseo, "tendremos seguridad de que el dinero está disponible".

La propuesta pretende eliminar de facto la posibilidad de un impago, porque Atenas se comprometería legalmente a conceder prioridad absoluta al pago de los acreedores. Grecia, según ese plan, deberá destinar su recaudación en primer lugar al servicio de la deuda y cubrir sus necesidades presupuestarias con los ingresos restantes, y no al revés como hasta ahora.

El eje franco-alemán parece convencido de que esa medida hará insoslayable el recorte del gasto primario. Y al mismo tiempo, la troika (FMI, BCE y CE) vería reforzado su poder sobre el Gobierno griego, al que podría cortar el desembolso de los fondos de rescate sin temor a que Atenas amenace con una suspensión de pagos.

La iniciativa forma parte de las garantías sobre el cumplimiento del ajuste que la zona euro pretende imponer a Grecia como parte de un segundo rescate valorado en 130.000 millones de euros. Sin la concesión de ese nuevo plan de ayudas, Grecia no puede cerrar la reestructuración voluntaria de su deuda, negociada durante las últimas semanas con los representantes de la banca internacional.

"Hay que resolver el tema de Grecia de una vez por todas", urgió Sarkozy. "Los dirigentes griegos tienen que cumplir sus compromisos escrupulosamente. No hay elección", advirtió.

El ultimátum franco-alemán refleja la desconfianza de la zona euro, empeñada en evitar la experiencia del primer rescate. Tras casi dos años de intervención y un desembolso de 73.000 millones de euros (entre préstamos bilaterales y del FMI), apenas se han obtenido resultados tangibles y Atenas sigue jugando con la posibilidad de no hacer frente a su próxima factura con los acreedores, unos 14.500 millones a mediados de marzo. La cuenta blindada que plantean Merkel y Sarkozy evitaría ese tipo de chantaje. Atenas anunció ayer que reducirá este año 15.000 plazas de funcionarios dentro del contingente de 150.000 puestos que debe reducir hasta 2015.

La prioridad absoluta de los acreedores ya figuraba en el plan esbozado por Berlín que se filtró antes de la última cumbre europea (30 de enero). El proyecto incluía, como segundo paso, la transferencia de la soberanía presupuestaria de Atenas a una autoridad supranacional.

La zona euro no parece por ahora dispuesta a dar ese segundo paso, por temor a la reacción de la opinión pública en Grecia, pero no descarta su aplicación en un marco general al que debería someterse cualquier socio incapaz de cumplir sus compromisos presupuestarios.

"Ya se han rebasado los plazos"

La cuenta atrás para una posible suspensión de pagos en Grecia continúa avanzando, pero nadie parece saber dónde se encuentra el punto final. Los vencimientos a mediados de marzo (unos 14.500 millones de euros en bonos y otros 800 millones en letras) parecen una buena referencia, pero Atenas ya demostró el año pasado que a la hora de la verdad, la de pagar, siempre dispone de fondos aunque no haya recibido la última entrega del rescate europeo.

De momento, el Gobierno de Lucas Papademos tiene la intención de anunciar hoy el plan de ajuste exigido a cambio del nuevo rescate (130.000 millones de euros) y de la reestructuración de la deuda privada (con una quita del 50%). Pero el mismo anuncio se viene repitiendo desde hace semanas, sin que el proceso llegue a buen término.

"Lo cierto es que ya se han rebasado todos los plazos", se quejó ayer el portavoz de Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos. Y recordó a Atenas que la puesta en marcha del nuevo rescate requiere "transacciones y actos legales cuyo calendario se puede comprimir, pero hasta un cierto límite".

Pero el calendario que parece preocupar en Atenas es el electoral. Y la coalición gubernamental (con socialistas, conservadores y extrema derecha) se resiste a suscribir medidas de ajuste tan impopulares como un nuevo recorte de salarios y pensiones o el cierre de organismos públicos.