COLUMNA

China y los cielos sucios

China está luchando por su derecho a contaminar. El Gobierno ha prohibido a las aerolíneas chinas pagar el nuevo impuesto europeo de emisiones. El argumento no es en realidad el medio ambiente. Tiene que ver con la política exterior china de "no intervenir", que también le llevó a vetar una resolución de la ONU contra el presidente sirio, Bashar al-Assad, el 4 de febrero. Esta vez, China tiene la autoridad moral.

El punto de vista de China es simple: manténganse al margen de nuestro negocio y nosotros quedaremos fuera del suyo.

El nuevo impuesto de la UE sobre la contaminación aérea es otro conflicto sobre el tema. Desde el 1 de enero, las compañías aéreas que aterrizan o despegan en los aeropuertos europeos deben pagar por el CO2 que emiten. Así, un vuelo de Pekín a Londres, debe pagar a la UE por los gases que emite en Kazajistán, Mongolia e incluso China. Desde la perspectiva china, eso parece una intervención en los asuntos de otros países.

Es cierto que el impuesto de la UE castiga a las aerolíneas británicas que vuelan de Londres a Shanghái tanto como a una china. De manera unilateral hace pagar a las compañías de la UE por algo que tiene efecto en otros países. Los europeos están reclamando derechos soberanos sobre los cielos extranjeros. A pesar del débil registro de China en la acción del calentamiento global, o la posible pérdida de pedidos para Airbus, la UE debería ceder en los principios.

Pekín dice que sus líneas aéreas no pueden pagar el impuesto "sin permiso oficial", dejando espacio para las negociaciones. Pero a medida que China se hace más rica y poderosa, otros países tendrán que prestar más atención a su punto de vista sobre los derechos soberanos. Los cielos sucios muestran que no siempre es una mala cosa.

Por John Foley