China tensa más la cuerda

China tensa más la cuerda

China lleva años tomando posiciones poderosas en las economías emergentes. Su descomunal tamaño se ve reforzado porque actúa en la economía con reglas políticas y monetarias propias. En los últimos días el gigante ha saltado nuevas barreras.


El veto de China (además de Rusia) a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para condenar la terrible represión que está ejerciendo contra su pueblo el régimen sirio de Bachar el Asad es un desafío como pocos al resto del mundo.

China estrenó su capacidad de veto en 1972, cuando desde el sillón que 'heredó' de Taiwan bloqueó la entrada de Bangladesh en Naciones Unidas. Muy interesada en que a su alrededor no surjan nuevos Estados,desde entonces ya mostró entender muy bien cómo hacer ineficaz el Consejo de Seguridad cuando va contra de sus intereses (por supuesto, como hacen otros muchos).

Ahora, al impedir una respuesta internacional unida contra la violentísima actuación del régimen sirio, siembra semillas de una guerra fría que parece dispuesta a cosechar. La dureza de la respuesta internacional al veto lo dice todo. Un ejemplo: "(China y Rusia) asumen la responsabilidad de que el derramamiento de sangre en Siria continúe". Lo dice en una declaración oficial Angela Merkel, que precísamente estuvo en Pekín la semana pasada, donde se entrevistó con el primer ministro, Wen Jiabao (en la imagen), para pedir ayuda contra la crisis de deuda soberana europea.

Pero China insistió ayer en que está dispuesta a ir por libre en cualquier campo. Otro ejemplo: prohibió oficialmente a sus aerolíneas que paguen las cuotas por emisiones de CO2 que exige la UE si, al atravesar su espacio aéreo se superan los niveles máximos de emisión de gases de efecto invernadero.

El gigante ha tomado posiciones importantísimas en América Latina y en África. Tampoco se frena en Europa. Por poner un caso reciente, acaba de hacerse con la portuguesa EDP, que es dueña en España del grupo Hidrocantábrico (HC Energía). Además, este año se puede convertir en el principal mercado para las exportaciones desde la UE. Es decir, además de ser el principal comprador de productos chinos, aquel mercado se va a convertir en el primer cliente de Europa.

Esa enorme dependencia puede traer muchas consecuencias, y no todas buenas, si el gigante sigue por libre en la economía, ignora cualquier planteamiento de sostenibilidad y, para colmo,empieza a intervenir en la geopolítica como en los mejores tiempos de la Guerra Fría, solo que ahora con un poder económico inédito en la historia. Demasiado para unas economías occidentales en plena anemia.

Para saber más de China, sugiero la obra 'China', de Henry Kissinger, una suerte de memorias recién publicadas (en español, editorial Debate) las que el poderoso secretario de Estado de EE UU con Richard Nixon explica desde el alma del país y sus orígenes hasta los interiores de la 'Diplomacia del Ping-Pong', de la que fue protagonista.

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