Antonio Banderas. Actor y empresario

"Mi padre me dijo que no gaste más de lo que tengo"

Ha descubierto que pueden "hacerse cosas muy bonitas" emprendiendo en proyectos con viejos amigos de Málaga.

Actor, director, bodeguero, empresario, cofrade en su Málaga natal… La actividad de Antonio Banderas parece no tener fin. Se define como un hombre con suerte, aunque para poder disfrutar de ayuda ha tenido que ganársela. Afirma que su profesión frustrada es la de esquiador profesional, aunque cuenta con orgullo que acaba de llegar de Aspen, en las montañas de Colorado, donde participó en una competición para aficionados.

¿Qué valores le han guiado a lo largo de su carrera?

Me la he jugado mucho, he asumido muchos riesgos en momentos en los que parecía imposible. Marcharme a Estados Unidos sin hablar inglés y en una época en la que apenas había actores hispanos en Hollywood fue tremendo. Trabajé como un loco aprendiendo la lengua y tratando de meterme en los círculos donde yo pensaba que se podía encontrar trabajo. En cuanto a los temas empresariales en los que me he metido, no han surgido tanto de mí como de un grupo de amigos eternos, que me conocen bien. Algunos de ellos eran actores conmigo en los años setenta en Málaga y ahora son abogados. Al principio rechazaba vincularme a empresas, porque desde mi profesión está mal visto, pero al final empiezas a descubrir que se pueden hacer cosas muy bonitas.

¿Cómo toma las decisiones profesionales, por ejemplo para elegir un papel?

A veces ha sido por trabajar con un actor, otras con un director. Brian de Palma, por ejemplo, me llamó para participar en Femme Fatale. El papel no me hacía tilín, pero en ese momento estaba empezando como director y quería aprender de él. Le dije: "Mira, no me interesa mucho mi personaje. Te lo hago, pero me tienes que permitir estar contigo como un alumno de máster". Aceptó ese juego y me benefició mucho. Pero las cosas en el cine son muy impredecibles. Si no, todos los actores empezaríamos con una película tipo Titanic para poder comprarnos una buena casa, y luego nos pasaríamos a proyectos más íntimos.

¿Qué percepción tiene de la actual crisis?

Ahora se habla de contener el déficit, pero si no hay un estímulo directo a las economías, poco vamos a crecer. Y eso es lo que va a pasar este año. A lo mejor se debería ser menos estrictos en la austeridad y dotar más recursos a la generación de puestos de trabajo. Yo me hago una pregunta: ¿estamos gobernados por aquellas personas a las que votamos? En Italia y Grecia no, y en España, cuidado, porque se ha optado por un partido que puede comulgar más con esa filosofía. Nos hemos metido en un círculo vicioso del que no sabemos salir. Porque esa es la impresión del ciudadano, expresada en las calles con el movimiento de los indignados.

¿Cómo se ve todo esto que ocurre en España desde Estados Unidos?

Creo que la gente está apostando por el país. Se acepta que hay que ajustarse el cinturón. Y hay un cierto grado de resignación. Pero existe siempre la duda de si se están haciendo las cosas que se deben hacer. También se ha tendido a cometer errores cuando las cosas marchaban bien. Se han perdido los valores del sacrificio y del trabajo, la idea de que hay que pelear las cosas para ganárselas. Mi padre siempre me decía: no te gastes más dinero del que tienes. Yo hasta los 32 años no tenía ni un duro, vivía al día. En mi primer año en Madrid estuve en nueve pensiones. Cuando empecé a tener algo de dinero compraba cosas a plazos, pero nunca se me ocurrió ir al banco a pedir grandes créditos.