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La patada a seguir de los bancos

A veces, los terminales de Bloomberg o Reuters no nos dejan ver el bosque. Los que nos pasamos el día con un ojo en el canje de deuda griego, otro en las cifras del BCE y otro en las declaraciones de Bernanke (o de algún oscuro funcionario europeo) acabamos pensando que una subasta de deuda, una caída en el uso de la faclidad de depósito del BCE, o cosas todavía más raras, son buenas noticias. Y lo son. Pero también es cierto que el ciudadano de a pie nota estas cosas más o menos con la misma intensidad con que las nota su perro. Cero.

Viene esto al caso porque, echando un ojo a los resultados de Sabadell, Bankinter y Banesto, y uniendo eso a los ajustes previstos por Mariano, no puede uno sino entonar ese tan español "virgencita, virgencita".

Banesto. Inversión crediticia -8,6%. Bankinter. Aumento del 2% del crédito. Sabadell inversión crediticia bruta -1,7%.Los recursos de clientes de esta última entidad crecen el 7%. En otras palabras, contracción crediticia. ¿Necesaria? Quizá no del modo que se plantea. Hoy contamos en el periódico que, en realidad, el crédito a construcción y promoción inmobiliaria no ha bajado desde 2007. No es algo que deba sorprendernos; con 300.000 millones de euros de préstamos al ladrillo y un brutal volumen de activos inmobiliarios en el balance del sector (unos 75.000 millones), la banca no quiere más mora ni más solares. Prefiere prorrogar créditos. Aquí están las cifras.

No digo que sea la política interna de cada banco. Pero si un director de zona o el responsable de una oficina de cierto peso puede colar una refinanciación a sus superiores para evitar que le entren en mora cinco o seis millones de euros por una pequeña promoción, lo hará. Sin duda, y aunque sepa que es un crédito incobrable. Se juega el puesto. Como se lo jugaba hace cinco años, cuando era ese mismo préstamo de esa promoción le permitió cubrir los objetivos impuestos a la red comercial.

El mantenimiento del crédito hacia los sectores más tóxicos tiene un doble efecto pernicioso. Por un lado, obliga a la banca que tiene dificultades para financiarse, a cerrar el grifo en otros tipos de préstamos. Y, por otro lado, retrasa el ajuste inmobiliario. En ese sentido, y para no agravar más el problema, es clave que las nuevas provisiones que imponga el gobierno a la banca incluyan tanto activos inmobiliarios en balance como créditos dudosos, para no incentivar todavía más la patada a seguir de los bancos. 

Dijo hace más de medio año Alfredo Sáenz, hoy ilustre indultado, que España tenía que reducir crédito por 200.000 millones de euros. Lo que no sabíamos es que ese desapalancamiento se iba a producir precisamente en los sectores en los que menos falta hace. 

Música contra la crisis. Madness, Our House

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