Un año después de la revolución

Viaje al Túnez democrático

Primer aniversario de la revolución tunecina que derrocó al dictador Ben Alí
Primer aniversario de la revolución tunecina que derrocó al dictador Ben Alí

El país más pequeño del inmenso continente africano acaba de cumplir un año de democracia. El pueblo tunecino tomó la famosa avenida Bourguiba el pasado 14 de enero con sentimientos encontrados. La libertad sabe a poco cuando las promesas tardan en llegar. Pero Túnez mantiene intacto su encanto histórico y cultural.

Un paseo por el Túnez que saborea su libertad. Los derechos adquiridos hace ahora un año tras la llamada 'Revolución del Jazmín' se palpan en las calles tunecinas. El simple gesto de tirar una colilla al suelo ya no trae duras consecuencias. El miedo se ha esfumado, aunque algunas personas aún no son plenamente conscientes de la ausencia de represión y siguen sorprendidas por lo que son capaces de hacer. La Policía patrulla y vigila, pero como en cualquier otra ciudad libre de las ataduras de una dictadura. Ya no hay que esconderse ni temer hablar (más mal que bien) del huido autócrata Ben Alí.

El pueblo tunecino celebra la democracia -el pasado 14 de enero abarrotó la famosa avenida Bourguiba-, pero también lamenta que muchas de las promesas, sobre en materia económica, todavía no se hayan cumplido. Son sentimientos encontrados que se hicieron notar en el aniversario de la rebelión popular. Mientras mujeres y niños portando banderas posaban orgullosos ante las cámaras de los cientos de periodistas que ese día cubrían el acontecimiento histórico, simpatizantes de los diferentes partidos políticos entonaban gritos y cánticos críticos al nuevo gobierno. No faltaron los disturbios. El paro sigue empeorando y hombres desesperados se queman a lo bonzo. El recién elegido Ejecutivo, bajo una enorme presión, pide tiempo.

Más allá de las protestas en los actos conmemorativos, la situación en el país es estable y el turista no corre peligro. El turismo ha dado un importante bajonazo, pero el encanto de Túnez sigue intacto. Además, el gobierno ha destinado 30 millones de euros para mejorar la calidad, los servicios y las instalaciones. La capital, con el mismo nombre que el país, ofrece un recorrido por el pasado y presente y lo antiguo y lo moderno. Partiendo de la Avenida Bourguiba, eje principal de la ciudad moderna donde se alinean los principales edificios, hoteles, restaurantes y boutiques, se alcanza la la Catedral Católica de Saint Vicent de Paul, antesala del centro histórico o La Medina. Cruzando la Puerta de Francia -antigua puerta de la muralla- se accede a la bien conservada ciudad árabe, donde se concentran los lugares de más interés. Estrechas calles, casas típicas, mezquitas, museos y palacios. Sin olvidar el laberíntico zoco donde es fácil perderse entre puestos de artesanía y souvenirs.

Fuera de la capital, el pueblecito de Sidi Bou Saïd, completamente pintado de los colores universales tunecinos blanco y azul, baña el mar con unas espectaculares vistas al horizonte. Y las ruinas de Cartago permiten un viaje por la historia y por la imaginación para intuir cómo se vivía en los tiempos del imperio.