TRIBUNA

El 'caucus' de Iowa es solo el principio

En este mismo diario, el año pasado, decíamos que, si las encuestas están bien hechas, conforme a la ficha técnica, y cuando se trata de estudios electorales se mide la evolución temporal para identificar tendencias y anticipar el resultado, lo habitual es acertar. Las matemáticas siguen siendo las matemáticas y 2 más 2 siguen siendo 4.

Estados Unidos se encuentra en campaña electoral presidencial. Extraoficialmente comenzó cuando, en abril de 2011, Obama anunció que se presentaba como candidato de su partido a las elecciones presidenciales del 6 de noviembre de 2012. En el campo republicano las cosas son más complejas: hay varios candidatos y casi todos están incumpliendo lo que Ronald Reagan denominaba el "undécimo mandamiento: nunca criticarás a un contrincante republicano".

Que Estados Unidos es hoy una nación más conservadora que hace tres años, cuando Obama ganó las elecciones en medio de la aclamación popular norteamericana y mundial, despertando simpatías y esperanzas, es un hecho cierto. La Norteamérica angustiada de hoy tiene el presidente con peores calificaciones desde 1948: el índice de aprobación de su gestión es el más bajo de todos los presidentes a estas alturas de su primer mandato: a 4 de enero de 2012, el 43% aprueba su gestión, frente al 48% que la desaprueba; ningún presidente, con estos datos, y con un índice de desempleo del 8,6% y crecimiento del PIB casi plano, ha vuelto a ganar elecciones. Obama, hoy, está peor que Jimmy Carter: la serie histórica de Gallup muestra que, en diciembre de su tercer año de mandato, Carter tenía un índice de aprobación del 53%; Reagan, del 54%; Bush padre, del 51%; Bill Clinton, del 51%, y Bush hijo, del 58%.

La gran ventaja para Obama es que la situación, en el campo republicano, es mucho peor. Según el semanario The Economist, en "Estados Unidos las elecciones se deciden en el centro". No es de extrañar, por tanto, que cuando enfrentamos electoralmente al presidente Obama con cualquiera de sus dos más probables contrincantes (tanto el más moderado, Mitt Romney, como el más conservador, Newt Gingrich), gane siempre Obama, por uno o por dos puntos porcentuales. Esto equivaldría a un -casi- empate técnico y tendríamos entre manos las elecciones más ajustadas en su resultado desde las presidenciales de 1960, en que Kennedy ganó a Nixon por solo 100.000 votos.

Si las elecciones de deciden en el centro, como sostiene The Economist, los republicanos deberían llamar a Houston, porque tienen un problema: la influencia arrolladora del Tea Party les ha hecho conservadores hasta el extremo, lo cual no les beneficia electoralmente. Según The Economist, que apoyó a Obama en 2008, "hoy, los candidatos republicanos deben situarse en la extrema derecha si quieren ser considerados por sus votantes". La defensora del Tea Party, candidata Michelle Bachmann, dice que solo lee libros religiosos protestantes-evangélicos, porque el resto de la literatura es basura; afirmó que el terremoto en Nueva York del pasado mes de agosto fue un castigo de Dios a los americanos, por haber votado a Obama. Rick Perry, exgobernador de Texas, como Bush, enseña en sus anuncios electorales a su hijo más pequeño, un crío, cómo se maneja un arma de fuego real. Ron Paul quiere acabar con el Estado y, por supuesto, con la política económica, lo cual supone, de paso, abolir la Reserva Federal. Con estos candidatos republicanos, los conservadores moderados y los independientes se arrojarán electoralmente, en noviembre, a los abrazos de Obama, cada vez más de centro.

Pues bien, según las encuestas -a pie de urna, que diríamos en España- sobre el primer enfrentamiento electoral oficial entre republicanos, en Iowa, en la noche de ayer a hoy, 4 de enero -horario español- (luego vendrán New Hampshire, Carolina del Sur y Florida, por este orden), entre republicanos que han de estar registrados, Mitt Romney y Ron Paul están casi igualados con un 24% y un 22% del voto conservador, respectivamente. Les sigue Rick Santorum, con un 19%. Conforme se celebra el caucus, The New York Times otorga probabilidades estadísticas de ganar a los tres candidatos en cabeza: a Romney le da un 40% de posibilidades, a Paul, un 34% y a Santorum, un 20%.

Sobre el papel, quién gane en Iowa es irrelevante. Iowa es un Estado que no representa sociológica ni sociodemográficamente Estados Unidos. Iowa es importante por su valor simbólico: es la primera cita electoral oficial republicana y atrae mucha atención mediática. Demuestra el interés del candidato por ganar, su capacidad organizativa y de recaudar fondos. Da pistas sobre qué piden a los candidatos las diversas familias electorales republicanas. Ha habido presidentes que, cuando eran candidatos, perdieron las elecciones de Iowa y luego gobernaron ocho años. Para Romney, ganar en Iowa, en cambio, significa un espaldarazo espectacular, porque es uno de los candidatos más moderados y más odiados por el Tea Party: en el campo republicano, es el más capacitado para sacar América de la crisis económica y enfrentarse a Obama con mínimas posibilidades de éxito. La victoria de Ron Paul es la ruptura del partido, por su pensamiento libertario, casi como si de un tercer partido político se tratara. Lo cual beneficiaría a Obama, como sucedió a Clinton con la aparición de Ross Perot, en 1992 y 1996. Rick Santorum en cabeza significa que el Tea Party y el conservadurismo más radical empiezan la campaña electoral con buen pie y dejan en mal lugar al aparato oficial del Partido Republicano.

La victoria de cualquiera de los tres candidatos en cabeza la noche del 3 al 4 de enero no significa nada definitivo: quedará aún mucho partido por jugar. Estas elecciones, tanto las primarias republicanas como las presidenciales del 6 de noviembre, van a ser las más complejas electoral, sociológica, económica y demoscópicamente desde las elecciones ya mencionadas que enfrentaron, en 1960, a Kennedy y a Nixon. La única manera de saber qué va a pasar es hacer un seguimiento diario de las encuestas, estudiar la evolución de la economía y tener la mente abierta para no creer, hoy, en la inevitabilidad de la victoria de un candidato, sea quien sea. Iowa es muy relevante, pero es solo el principio.

Jorge Díaz-Cardiel. Economista, sociólogo e historiador. Socio director de Advice Consultants y autor de Obama y el liderazgo pragmático y La reinvención de Obama