Análisis

Triste ausencia de la industria

Es difícil contentar a todos los sectores económicos en un debate de investidura. Pero, a veces, los silencios son especialmente esclarecedores. Mariano Rajoy no hizo ni una referencia a la industria, una actividad actualmente sensibilizada después de que este periódico anunciase que el futuro Gobierno carecerá de Ministerio de Industria; es decir, de un titular que dedique su tiempo en exclusiva a las manufactureras en España.

Las quejas de diversos subsectores, con la automoción a la cabeza, no parecen haber convencido al próximo presidente del Gobierno, pues cada vez hay más indicios de que industria entrará bajo la potestad del titular de Economía. Lo que no significa que el próximo ejecutivo no dedique desvelos al sector secundario. Sin embargo, la ausencia de referencias explícitas a la industria de Rajoy no hace albergar buenas vibraciones.

Mucho se ha hablado de la necesidad de potenciar sectores con futuro, intensivos en tecnología e I+D. Los más bisoños parecen confundir negocios tradicionales con maduros, denostando la industria como si de una antigualla se tratase. Error de consecuencias funestas, ya que la industria es el motor económico en cualquier economía, al aportar empleos de alto valor añadido, con altos salarios y estabilidad en el empleo. Y si no, fijémonos en Alemania, Japón y, cada vez más, en China.

Bienvenidos sean el plan de turismo y la internacionalización de la agricultura; como imprescindible es la reforma energética y del sistema financiero. Pero tanto o más, es una industria competitiva y saneada.