COLUMNA

El recorte de dividendos de Telefónica

Telefónica se ha plegado a lo que el mercado ha considerado inevitable desde hace tiempo y ha reducido sus dividendos. Pero el recorte de solo un 14% puede dejar a la compañía española todavía con poca flexibilidad financiera. Para alcanzarla, deben tomarse decisiones más difíciles.

El recorte del dividendo anunciado por el nuevo director financiero de Telefónica es un poco embarazoso teniendo en cuenta el anterior apego. Ángel Vila dijo que el corte se debió, al menos en parte, a que el mercado no estaba "reconociendo sus compromisos de remuneración". Sin embargo, el mercado reconoce sus compromisos de remuneración demasiado bien, juzgándolos insostenibles. Y Telefónica ha probado ahora que tienen razón. No solo ha recortado el dividendo del próximo año, además va a pagar parte del dividendo de este año en acciones.

Aunque la decisión de recortar se haya retrasado, es bienvenida. Los objetivos fijados en octubre de 2009 se habían quedado desfasados por la crisis. Al mismo tiempo la compañía se mantuvo fiel al objetivo de 9.000 millones de euros de gasto de capital anual. Pero solo es el primer paso. Tras el recorte, Telefónica tendrá todavía uno de los rendimientos más altos del sector y eso sugiere -tal como lo hizo antes- que los inversores están preocupados sobre la sostenibilidad del dividendo. Telefónica seguirá pagando casi todo el flujo de caja que genere el próximo año a los accionistas, según prevén algunos analistas. La deuda neta en relación al Ebitda caerá, según Bernstein, pero estará por encima de 2 a 2,5 veces por encima del objetivo de la empresa. Para alcanzar su meta, Chevreux calcula que el dividendo tendría que recortarse en un 70%.

Una alternativa es reforzar la venta de activos. Activos como Atento no sería lo suficientemente grande. Pero la empresa tiene varias inversiones posiblemente no cruciales y de gran tamaño, como la participación en la china Unicom o su negocio checo. Estas fueron aclamadas como estratégicas en el pasado, pero ese punto de vista -como el de los dividendos- puede cambiarse. Es posible que tenga que hacerlo.