EDITORIAL

Revolución comercial sin precedentes

Madrid dará hoy el primer paso legislativo hacia una revolución comercial sin precedentes en España. El Consejo de Gobierno de la región prevé aprobar un anteproyecto de ley que permitirá a todos los establecimientos comerciales, sin restricción de superficie o actividad, abrir los 365 días del año durante las 24 horas del día. Pese a que el pasado mes de octubre el Ejecutivo de Esperanza Aguirre anunció su intención de ampliar la liberalización de horarios a los establecimientos de hasta 750 metros cuadrados, así como a grandes superficies de venta de muebles, vehículos y bricolaje, entre otros productos, finalmente se ha optado por abrir la mano sin restricciones de ningún tipo a todo el sector comercial madrileño.

Aunque el debate sobre la ampliación de horarios comerciales ha sido hasta el momento terreno de posiciones encontradas -el pequeño comercio ha manifestado en reiteradas ocasiones su oposición a la medida- existen dos grandes razones que justifican de forma sólida el importantísimo paso adelante que ha decidido dar Madrid. La primera de ellas radica en los indiscutibles y vertiginosos cambios que se han producido en los últimos años en materia de consumo privado, una verdadera catarsis en las costumbres de la ciudadanía que ningún empresario -y menos todo un sector comercial- puede darse el lujo de ignorar. La segunda, especialmente importante en la coyuntura económica actual, apunta al potencial inversor y la capacidad de crear empleo que conlleva una medida como esta. Según los cálculos que adelantaba ayer el consejero de Economía de la Comunidad de Madrid, Percival Manglano, la eliminación de las restricciones actuales permitirá a la comunidad crear más de 20.000 empleos y elevar en seis décimas el PIB regional. No es la primera vez que organismos internacionales como el FMI o la OCDE recomiendan a España liberalizar los horarios comerciales como receta para aumentar la productividad, dado que la densidad de nuestro pequeño comercio se halla entre las más elevadas de Europa. A ello hay que sumar el previsible efecto balsámico que esta decisión ejercerá sobre los precios y el reclamo que supone para la masa de turistas que visitan España y que, en el caso de Madrid, supera los 10 millones anuales.

La decisión impulsada por Esperanza Aguirre contrasta fuertemente con la política comercial seguida en el resto de las comunidades autónomas. En ese sentido, el modelo adoptado por Madrid debería servir para derribar prejuicios y mostrar el potencial de una política en materia de comercio que hasta el momento solo parecen haber entendido escasos colectivos, como la comunidad china. Como desde estas páginas hemos reiterado más de una vez, en último término es oportuno recordar que obtener una libertad no supone nunca la obligación de ejercerla.