Ainhoa Arteta. Soprano

"Hasta los directores de orquesta deben hoy razonar sus decisiones"

La soprano vasca asegura que se ha terminado la era de los divos, pide más marketing para los lanzamientos de música clásica y explica la necesidad de reciclarse ante la evolución de su voz

La principal soprano española de su generación simultanea su profesión con la maternidad y el estudio necesario para mantenerse en la cima. También para intervenir en proyectos como la edición integral de la obra para voz y piano de Antón García Abril, promovida por la Fundación BBVA, o para ver la evolución de la cultura en España ante la crisis.

¿Hasta qué punto se dejan sentir los recortes en el mundo de la música culta?

No hay duda de que nos afecta, porque no se programa la misma cantidad de conciertos. Pero creo que nuestro sector ha reaccionado de una manera inteligente, haciendo un esfuerzo para ajustar los cachés y poder mantenernos activos. En España, en particular, es una pena porque en los últimos 25 años se han abierto muchos auditorios o se han remodelado instalaciones importantes con una gran inversión.

¿Deja ese gasto algún poso en la cultura musical española?

El público ha respondido, se ha creado bastante afición. Por otra parte, al comienzo de este fenómeno se trajeron bastantes músicos de fuera que luego se han convertido en muchos casos en profesores que han formado a los músicos jóvenes españoles. La lectura positiva de la situación es que puede servir para tirar de cantera y dar más oportunidades a la gente que se ha formado estos años.

¿Es cierto que los músicos españoles tienen hoy por hoy una consideración internacional tan alta?

Siempre existió calidad, pero hoy también hay cantidad. La educación que se da aquí no tiene nada que envidiar a la de Alemania, por mencionar al tradicional líder. En el ámbito de la lírica, lo hemos tenido algo más fácil, porque los que llegamos en las últimas décadas lo hicimos a la sombra de esos grandes que nos sirvieron de ejemplo, aunque también es cierto que a veces las comparaciones han podido resultar no diré que perjudiciales, pero sí algo complicadas.

Y a España en general, ¿se la ve tan modernizada como parecía o tan deshinchada como parece ahora?

No puedo hablar de cuestiones políticas porque no es mi ámbito, pero la sensación que me transmitían hasta hace poco tiempo, cuando dejé de viajar tan frecuentemente por razones personales, es que el país estaba abriéndose mucho, con las ciudades mejorando, ampliando su oferta cultural... Me contaban sus viajes aquí, más allá del turismo de playa, con muchísima satisfacción.

En su caso personal, ¿le ha llevado la coyuntura a variar su carrera?

Dada la antelación con la que se programa en ópera, tengo mi agenda cubierta hasta 2015. Lo que ocurre es que suelen quedar huecos que se aprovechan para otro tipo de actuaciones en auditorios, que van surgiendo con mayor inmediatez... Ahí sí que he tenido menos en los últimos dos años, aunque tengo la suerte de que la agencia que me representa es sensacional y busca alternativas que faciliten el trabajo a las entidades promotoras, como conciertos compartidos. Tener un poco más de tiempo me es muy útil para estudiar, para evolucionar.

¿En qué consiste ese trabajo personal fuera de la mirada del público?

La voz es un instrumento que evoluciona con el propio cuerpo. Yo vengo observando desde hace tiempo que, al igual que pasé de soprano lírica ligera a una lírica plena, la voz me pide algo más. Estoy preparándome ya varias óperas nuevas como soprano spinto un matiz dentro de la voz, similar a la soprano lírica, es un cambio que tendré que afrontar.

Otro aspecto que ha evolucionado en su entorno, según se comenta, es el de la gestión de los grupos, la relación entre directores de orquesta y divos...

Creo que hemos vivido un proceso de profesionalización. Ahora no se concibe que un director trate a un cantante como a un colegial, que le diga que las cosas se hacen así porque sí. Todos podemos leer una partitura. Hasta un director tiene hoy que razonar las decisiones y llegar a acuerdos. De vez en cuando, por supuesto, sigues encontrando gente que se comporta de manera inadecuada, sea por su naturaleza, por inseguridad, porque les educaron así... Cuando me veo en esas situaciones, pienso en que es solo un rato de trabajo que tengo que pasar para luego volver con mi vida y mi familia, mientras esas personas posiblemente no tengan ni siquiera quien les aguante.

Su último disco, Recital, es su debut con Deutsche Grammophon. ¿Qué supone para su carrera grabar con ese sello mítico?

El trabajo ha sido tan serio y de tanta calidad como con otras casas de discos. Pero sí es evidente que esta aporta un prestigio importante. En todo caso, echo de menos que la promoción de los discos de música clásica esté a la altura de los de otros ámbitos de la música. Hace falta apostar por los lanzamientos, acercarnos un poco más al mundo en que estamos a la hora de vender nuestro trabajo, aunque lo sigamos haciendo con la misma seriedad de siempre. He visto la diferencia respecto a los trabajos que he hecho en el terreno del pop. Habría que hacer un esfuerzo de marketing conforme al mundo en que estamos, que es el siglo XXI y no el XIX.

Al margen de la música, ¿invierte en alguna otra actividad?

No tengo tanto como para invertir... La música no da como la gente se puede pensar. Además, yo mantengo el compromiso con mi país y pago todos los impuestos que me corresponden aquí... No me queda tanto, y lo he invertido, básicamente, en mis dos domicilios.