Secretos de despacho

Renovación y continuidad en Pescaderías Coruñesas

Diego García, de 36 años, gestiona el grupo empresarial, que este año cumple su primer centenario.

Las cifras de Pescaderías Coruñesas apabullan: 10.000 kilos de pescado vendidos al día (4.000 en provincias, el resto en Madrid), 120 empleados, 24 millones de euros de facturación al año y 100 años de historia. Han llegado al centenario con fuerza y con una nueva generación de la familia de Evaristo García al frente de la compañía. Diego García, hijo de Evaristo, licenciado en Empresariales, de 36 años, es el consejero delegado y le gusta rememorar la historia de su empresa, a la que tiene muy presente a través de un repertorio de fotografías que tiene en su despacho.

Pescaderías Coruñesas fue inaugurada en 1911, con un capital social de 200.000 pesetas, por el empresario gallego Luis Lamigueiro, que se instaló en la madrileña calle de Recoletos e introdujo el pescado fresco en la capital. En esta primera etapa consiguió tener 17 expendedurías en Madrid, una fábrica de salazón en La Palloza, 13 vagones frigoríficos, máquinas y fábricas de hielo en los puertos en los que operaba, camiones y almacenes navales propios. Su poder era tal que llegó a imponer los precios del pescado en el mercado de Madrid. En 1930, cambió de dueño.

El empresario Luis Fragío compró la empresa. En ella trabajaba como pescadero Norberto García (padre de Evaristo y abuelo de Diego). Poco a poco fue vendiendo las tiendas hasta quedar solo la de Recoletos. En 1956, la compañía pasó por serios apuros. Fragío propuso a Norberto García que comprara la sucursal restante. Se trataba de una operación de riesgo, porque el nivel de ventas era muy escaso y debían heredar toda la plantilla (ocho empleados en ese momento) del establecimiento. Con gran esfuerzo, la familia de Evaristo compró Pescaderías Coruñesas.

Con 23 años, Evaristo se puso al frente de la compañía. El reto no era otro que sacar a flote una empresa que solo tenía cuatro clientes. En tres meses, gracias al tesón de la plantilla, consiguieron enderezar las cuentas. En los años ochenta cambiaron de sede, se trasladaron a la calle Juan Montalvo. Allí siguen, y este lugar se ha convertido en el cuartel general desde el que dirigen el resto de los negocios. Pero, además, gestionan los restaurantes O'Pazo y El Pescador, y acaban de inaugurar otro nuevo establecimiento culinario, Filandón, donde quieren recuperar la tradición y cultura por el fuego y la brasa. Entre los tres restaurantes dan empleo a otras 120 personas y facturan 10 millones de euros. El secreto de esta compañía, con una imagen de marca muy elevada, afirma Diego García, está en la "constancia y en la visión de futuro". Y con la mirada puesta en el horizonte, asegura que ya se ha efectuado el traspaso de poderes a esta nueva generación, que componen cuatro hermanos, que se han repartido la tarea para seguir creciendo sin perder de vista su procedencia. "Somos pescadores, de origen maragato, gente de palabra y queremos apostar por ser los mejores".

Una de sus últimas apuestas es la tienda online, con la que ya han conseguido, "sin ningún tipo de promoción, tener 2.000 clientes activos y más de 1.000 visitas diarias en la página web", donde uno de sus principales atractivos es el recetario, que cuenta con el asesoramiento de reconocidos cocineros, que ofrecen platos para realizar en casa. "Se está perdiendo la cocina del momento, de la sencillez, y hay que recuperarla".

La segunda generación -además de Diego, la componen Norberto, Marta y Paloma- tiene encomendada la tarea de modernizar la estructura del negocio. "La base la tenemos y ahora lo que hace falta es seguir expandiéndonos. Queremos consolidar el nuevo restaurante, que adquiera personalidad propia, porque no nos gusta que nuestros negocios estén estandarizados, sino que sean diferentes, teniendo en común a Pescaderías Coruñesas", señala. En cuanto a la crisis, asegura que si algo ha aprendido es a cobrar anticipadamente, con facturación diaria. "Tenemos una cartera de clientes diversificada y además hemos conseguido tener un menor índice de impagos que, por ejemplo, en la crisis de 1992", asegura el empresario. Una última confesión, antes de seguir haciendo inventario: prefiere la carne al pescado.

Una joya de cuidado diario

A las tres de la mañana los hermanos García ya están en danza, con el teléfono en la mano. "A esa hora ya se empieza a llamar desde los puertos porque ya comienza la venta del pescado". A las seis de la mañana están en Pescaderías Coruñesas, donde la actividad ya es frenética. En su despacho pasa poco tiempo, si acaso los viernes y los sábados los dedica a tareas más de oficina. "En una empresa mediana la gestión es muy personalizada, y con el pescado mucho más, porque es cuestión de confianza". A Diego García el deporte le sirve como desconexión, ya que el pescado y el marisco son joyas "que hay que cuidar a diario". Y para que el pasado no caiga en el olvido, en su despacho, de corte funcional, siempre mira las fotografías de su padre despachando pescado.