Secretos de despacho

Un laboratorio de ideas para Benarroch

Regresa al espacio donde comenzó a vender pieles. Aburrida de la crisis, insiste en buscar tendencias.

Hace unos meses se mudó a la orilla izquierda de la Castellana. Asegura que ya estaba cansada del claustrofóbico ambiente del barrio de Salamanca. Además de ese sentimiento, en la huida también pesó el hecho de que apareciera un inversor dispuesto a comprar el local de la calle Lagasca donde la diseñadora de pieles tenía instalado su cuartel general desde los años noventa. Era algo más que una tienda de objetos de lujo, era un lugar donde pasar el tiempo. Ahora Elena Benarroch, nacida en Tánger hace 57 años, vuelve a sus orígenes, esto es, a la venta de prendas de piel en el mismo lugar donde comenzó su aventura empresarial en España.

"Me hace mucha ilusión, fue mi primera tienda y ha dado la casualidad de que tenía el local libre, así que he vuelto al lugar de donde partió todo. Y me apetece, porque ahora quiero estar más hacia dentro que hacia fuera", asegura desde su amplio y luminoso despacho de la calle Zurbarán, situado en las entrañas de un espacio de 500 metros cuadrados, repartidos entre la tienda, el taller y su centro de operaciones. Desde allí reflexiona sobre el difícil momento que atraviesa el sector del lujo en España. "El consumo está triste, la milla de oro de Madrid está apagada, hay que animarlo", se queja la peletera, que invita a la clase política a no hablar solo de austeridad. "Porque el que pueda gastar que lo haga. Los ricos compran fuera de España".

Benarroch recuerda la crisis de 1992, época en la que tuvo que echar el cerrojo a la tienda que había abierto en 1986 en Nueva York. "Lo malo es que ahora es mundial y la gente está asustada, y el miedo paraliza". Lleva más de tres décadas dedicada a la moda y ha decidido centrarse en el diseño de artículos de piel. "Me he aburrido de traer marcas a España, abrirles camino y luego que abran sus propias tiendas", señala. Benarroch introdujo en el mercado nacional a firmas como Bottega Veneta, Loro Piana, Jill Sander, Etro, la vanguardista Maison Martin Margiela, la cosmética de Kiehl's (la marca que usaban las chicas de Sexo en Nueva York), los perfumes de Santa María Novella o los zapatos de Walter Steiger.

En su espacio tienen cabida, además de sus propios diseños, la línea joven de su hija Yaël, las joyas de Adolfo Barnatán (su marido) y las piedras de ámbar de Felipe González. Afirma que, a pesar del momento económico, se sigue consumiendo piel, "aunque más barata, por eso hemos creado una línea más económica, porque hay que tirar del carro y mantener el taller abierto".

Benarroch no tira la toalla. "Hay que atraer a los jóvenes y apostar por la venta online. Es el presente, el mundo se mueve fuera de España, no dentro". Y enseña su página web (www.elenabenarroch.es), con las prendas que se pueden encargar por esta vía. "En América es mucho más fácil que aquí porque toda la vida han comprado por catálogo, pero ahora estamos teniendo clientes de Rusia y de China". Sobre si con las nuevas tecnologías se pierde el encanto del roce con el cliente, asegura que no, "es una venta y la relación existe".

También quiere explotar el local con iniciativas diferentes, como hacer ventas pop-up más información sobre esta tendencia de comercio temporal y exclusivo en la página 46 o exposiciones. Para empaparse de novedades viaja por todo el mundo. "Viviría en un avión o en un hotel" dice, sabiendo que en unas horas estará volando a Nueva York. "Necesito moverme, respirar, coger ideas, ver cosas, y eso sucede en estos momentos en Nueva York, en París o en Tokio, aunque cada vez noto que tengo menos energía", dice la peletera, que en 1984 recibió el Premio Aguja de Oro.

Su mesa de trabajo años cincuenta está repleta de muestrarios de pieles, de colores, de retazos de su vida, que comenzó en este sector no porque tuviera que continuar con el negocio familiar, sino por casualidad y "porque mi marido, que entró en contacto con el mundo de la piel a través de la arquitectura y la decoración, me puso a hacer abrigos, ahí aprendí todo".

A lo largo de su carrera ha recibido todo tipo de encargos: en 1993 diseñó una colección de piel para celebrar el 35 aniversario de Barbie, o un abrigo para la película de Pedro Almodóvar Carne trémula. "Soy inquieta por naturaleza, muy pesada conmigo misma y con todo el mundo. Imagino una cosa y la quiero ver hecha al momento. Todo tiene que ir demasiado deprisa. Me divierte crear, hacer cosas".

Tiene la esperanza puesta en la segunda generación, en su hija Yaël, que después de una incursión como actriz en Argentina se ha volcado en el negocio familiar. "Lo ha vivido desde pequeña y se le nota. Me ayuda y me inspira su energía, su novedad. Me encanta su visión moderna". Ella lo único que quiere es seguir siendo es tendera.

Un ámbar de Felipe

Cuando se le pide que elija un objeto al que le tenga aprecio dentro de su despacho, no duda. Escoge dos objetos: una cabeza de bronce, obra de su marido, el escultor y pintor Adolfo Barnatán, y una pieza de ámbar del expresidente Felipe González, gran amigo de Benarroch. También le acompañan en un espacio, donde destaca una lámpara de Murano, un par de sillones daneses, las fotos de sus nietos, un iPad ("sin el que no puedo vivir"), cuadernos, patrones... Y un jardín interior que inunda el ambiente de luz.