Puesta a punto de las agencias
Las fuertes medidas sobre calificación de crédito europeas son bienintencionadas pero confusas. El comisario de Mercado Interior, Michel Barnier, quiere que las agencias de calificación tengan menos influencia, al mismo tiempo que se mejora la calidad de sus opiniones. Pero sus propuestas son más malas que buenas. La mejor parte del proyecto de directiva de Barnier, publicado ayer, era la parte que queda fuera. Claramente enfadado por las recientes rebajas de calificación a países de la eurozona, la Comisión Europea ha estado jugando con un plan para suspender las calificaciones de la deuda de los receptores de un rescate. Hacerlo solo implicaría más nerviosismo por parte de los inversores. Afortunadamente, la idea ha sido aparcada.
La Comisión tiene razón al hacer que gestores de fondos y aseguradoras dependan menos de calificaciones externas. Esta vía, que ya está en marcha en la regulación bancaria, ayudará a destronar a las agencias de su actual posición de privilegio. Cuando se trata de impulsar la competencia, sin embargo, las ideas de Barnier son menos convincentes. Su plan es que los emisores cambien de agencias cada tres años, con un intervalo de cuatro años antes de que una antigua agencia pueda ser recontratada. Como la mayoría de las grandes compañías tienden a tener al menos dos calificaciones separadas, se requeriría la creación de nuevas agencias.
Esto puede sonar bien, pero no es tan simple. Los emisores corporativos odian la idea. Esto sería algo tolerable si los inversores estuvieran en mejores circunstancias. Sin embargo, se arriesgan a confundirse por el hecho de cambios frecuentes entre agencias.
Y el deseo de Barnier de atraer nuevos participantes difícilmente cuadra con su otra gran idea para hacer que las agencias que incumplan la regulación sean responsables de las pérdidas de los inversores. Dado la magnitud de los mercados de bonos, este gran potencial de responsabilidad puede disuadir a la competencia en lugar de incrementarla. A pesar de sus muchos defectos, las agencias han sobrevivido hasta ahora las drásticas medidas poscrisis. Cualquier intento de hacer que las calificaciones de crédito sean menos influyentes debe ser bienvenido. Pero en su forma actual, los peligros de la represión de Barnier superan los beneficios.
Por Peter Thal Larsen