COLUMNA

Una nueva crisis de crédito inevitable

Los bancos europeos sienten de nuevo la presión. Sequía de financiación, escasez de dólares y exigencias de ratios más altas están provocando que las entidades de crédito reduzcan sus balances. Esto son malas noticias para las empresas y los consumidores de Europa -y de todo el mundo-.

El mayor problema es la falta de financiación. La crisis de deuda soberana ha provocado que los inversores tengan dudas sobre los bonos bancarios sénior: con pocas excepciones, el mercado ha estado cerrado desde el verano. Lo que es complicado ya que los bancos necesitan financiación: los préstamos pendientes suponen alrededor del 120% de la base de depósitos del sector. Las entidades pueden cubrir en parte ese vacío emitiendo bonos garantizados, respaldados por activos como hipotecas. Pero los pequeños prestamistas no tienen suficientes activos de alta calidad. Y mientras que el BCE proporciona un alivio a corto plazo, no presta por más de un año.

La crisis es particularmente dolorosa en Europa, ya que empresas y consumidores se financian aún mayoritariamente con crédito bancario: tres cuartas partes de los activos del sector privado están en manos de los bancos, según el BCE. Pero sus efectos no se limitan a Europa: los bancos del continente tienen también problemas para obtener dólares. Muchos prestamistas antes dependían de los fondos del mercado de dinero estadounidense para financiar préstamos nominados en dólares, como el leasing. Estos fondos a corto plazo han reducido su exposición a los bancos europeos, lo que ha ocasionado una lucha por otras fuentes de dinero: el coste de cambiar euros a dólares ha alcanzado niveles que no se veían desde 2008. Mark Carney, gobernador del Banco de Canadá, advirtió la semana pasada que podría agotarse la liquidez en todo el mundo.

Mientras, los reguladores bancarios europeos han empeorado las cosas exigiendo mayores coeficientes de capital. A pesar de que la recapitalización es necesaria para restaurar la confianza, los bancos tienen de plazo hasta el próximo junio para cumplir con los nuevos objetivos. Y con el precio de las acciones de capa caída, muchos responden deshaciéndose de activos en lugar de emitiendo acciones. Morgan Stanley prevé que los bancos reduzcan sus balances en más de 1,5 billones de euros en los próximos 18 meses. Pero salvo con una solución repentina al problema de deuda, parece inevitable que se produzca una crisis de crédito. La única pregunta es cuánto tiempo durará -y sus efectos-.

Por Peter Thal Larsen