COLUMNA

España, contra viento y marea

Pocas estadísticas de la economía española son tan deprimentes como la tasa de desempleo, que llegó al 21,5% en el tercer trimestre. Es parte de la resaca del boom inmobiliario y un síntoma de una economía poco competitiva. Pero aunque las cifras del paro alcanzan nuevas cotas, los exportadores españoles son sorprendentemente resistentes.

España sufrió una bien documentada pérdida de competitividad tras adherirse al euro en 1999. Los salarios nominales crecieron más rápido que en el resto de la zona. Con todo, España consiguió mantener su cuota del mercado mundial de bienes entre 2000 y 2009, según RBS. Países como Francia, Italia e Irlanda perdieron terreno. Solo en 2010, las exportaciones fuera de la UE aumentaron un 21,4% y la tendencia continuó en el primer semestre del año.

La razón es que aunque la mayoría de las empresas españolas son pequeñas y poco productivas, ocurre lo contrario en el caso de las orientadas a las exportaciones. La productividad es un 30% superior y hay menos contratos temporales, según BBVA. Los costes unitarios en los exportadores en España crecieron más despacio entre 2000 y 2007 que las empresas del mismo tamaño en Alemania, Francia o Italia, según datos del economista Pol Antrás.

Contando por tan solo el 26% del PIB el año pasado, las exportaciones españolas no suponen lo bastante como para compensar la demanda interna estancada. Las reformas estructurales, especialmente en el mercado laboral, siguen siendo cruciales. El sector servicios es más pequeño y menos productivo en España en comparación con otras economías avanzadas, según un estudio del Fedea y McKinsey. No es de extrañar que en la cumbre del euro de la semana pasada, los líderes de la UE instaran a España a que reformara su mercado laboral, en particular, en el sector servicios. Será un camino difícil. Pero el ágil sector exportador muestra que puede lograrse.