El impenetrable catenaccio italiano

Enric González, firma impresicindible de El País, contaba, en la que quizá era una de sus mejores columnas, Los defensas del Campo dei Fiori, que en la romana plaza con este nombre, cuando cierran los bares de copas, de vez en cuando alguien saca un balón de fútbol y se organiza un esponánteo partidillo, arbitrario y aleatorio, sin equipos, normas, porterías u objetivos definidos. Varias decenas de personas pateando un balón en la noche romana.

“Lo fascinante de esa ceremonia etílica y deportiva consiste en que siempre hay alguno que se queda atrás, a defender, con toda la atención puesta en cortar cualquier posible contraataque. Portería no hay, marcador tampoco, la juerga dura pocos minutos y el principal objetivo, se supone, consiste en abrirse paso entre la multitud y tocar el balón al menos una vez. Pero la defensa está ahí”

Explica este corresponsal itinerante que, según sus amigos italianos, el catenaccio tiene razones históricas. Que los italianos han pasado más de 10 siglos resistiendo invasiones extranjeras, y que eso ha quedado grabado en la memoria colectiva.

Italia no es España, decía este fin de semana Sarkozy. Italia es un problema, y España menos. España obedece cuando Merkel, Trichet, Obama o Hu Jintao descuelgan el teléfono. Italia es otra cosa. Si en abril Berlusconi pactó con Sarkozy el apoyo a Mario Draghi a cambio de la renuncia a un puesto en el consejo (el que perdía Francia con Trichet y ganaba Italia con Draghi), ahora Il Cavaliere ha propuesto a un nuevo presidente para el Banco de Italia (Ignazio Visco) y exige a Bini Smaghi que dimita. Éste no quiere. Conclusión: Italia tiene tres sillas (Draghi, Bini Smaghi y Visco) y Francia, una.

Igualmente, el tránsito parlamentario del compromiso de reducción del déficit al que se comprometió el Ejecutivo italiano en julio fue descafeinado en agosto y, de nuevo, otra vez activado (en lo relativo al alza del IVA y el impuesto a las grandes fortunas) después de las presiones europeas. Como en el catenaccio futbolístico, Italia enreda el juego, siembra el campo de minas y ralentiza el tempo del partido a su conveniencia.

Todo esto sería anecdótico si Italia no tuviese que refinanciar casi 300.000 millones de deuda pública el próximo año, casi el 20% del PIB del país. Más otros 150.000 millones en 2013. Mucho dinero para acudir a unos mercados si éstos siguen cerrados a cal y canto. Y mucha presión sobre el coste financiero para un país cuya deuda es del 130% del PIB.

Para España, el catenaccio italiano es dramático. En unos mercados poco dados a las sutilezas y que desde hace mese solo operan en modo binario (hoy nos gusta el riesgo, pero mañana lo vendemos todo), España sigue en el saco mediterráneo. Saber que su prima de riesgo está 50 puntos básicos por encima de la nuestra es flaco consuelo. En caso de que el dichoso fondo de estabilidad no vea la luz a tiempo o esté tan mutilado que no sea operativo, la presión sobre Italia va a ser extrema, y convencer al mercado de que somos distintos será misión imposible.

Incluso puede que el fondo de estabilidad sea incapaz de contener la marea. La carta del BCE, la única capaz de terminar con la maldita e interminable partida de póker, sigue bien guardada. No se imprime dinero y no hay perspectivas de ello. Mientras siga siendo así el mensaje que se envía a los inversores es claro: el compromiso político con el euro es más débil de lo que las declaraciones indican. Y cada país actúa conforme a su tópico: Italia aplica el catenaccio mientras Alemania sigue obsesionada por la inflación. Y, en medio, España.

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