COLUMNA

Decisión insuficiente

ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada, dice el comunicado que se esperaba de la banda. Estamos pues en el segundo acto del espectáculo iniciado con la declaración de San Sebastián. Pero las armas habían sido reducidas al silencio muchos meses atrás, como consecuencia de la acción de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, incluida la policía vasca. El comunicado ha sido leído en castellano por uno de los tres encapuchados con boina, sentados detrás de la mesa de siempre con la misma ornamentación de costumbre, incluida la serpiente del árbol del bien y del mal que piensan seguir teniendo la capacidad exclusiva de definir.

Pero seguimos sin saber quién habla esgrimiendo esas siglas, cómo ha sido tomada esa decisión y cuándo se ha adoptado. Son tres interrogantes cargados de sentido para estar en condiciones de evaluar la consistencia de semejante declaración de la banda. En particular el tercero, cuya respuesta arrojaría luz sobre la teatralización de Donostia. Porque aquí el orden temporal de los factores sí altera el producto. Según el énfasis habitual de estas ocasiones el comunicado dice que ETA con esta declaración histórica muestra su compromiso claro, firme y definitivo. Pero cuánta mayor convicción hubiera transmitido si en documento adjunto hubiera facilitado la localización de los zulos donde se encuentran los restos de su arsenal de armas y explosivos.

Enseguida debemos atender a la narrativa que precede y explica la decisión anunciada. Primero, dibuja el marco en el que se produce. Quiere colgarla del tendal dispuesto por la denominada Conferencia Internacional de San Sebastián, a la que atribuye gran trascendencia política. Porque, a su entender, reúne los ingredientes para una solución integral del conflicto, además de contar con el apoyo de amplios sectores de la sociedad vasca y de la comunidad internacional. Claro que nada sabemos de lo que allí, en el palacio de Ayete, fuera conferenciado en apenas 160 minutos. Apenas sin tiempo para el ceremonial litúrgico empleado en sentar a los figurantes en mesas dispuestas formando paralelepípedos concéntricos. Palmadas de reencuentro, intercambio de saludos y lectura de una declaración, que traían precocinada de casa. Pero muy interesante anotar que los etarras hablen de ingredientes de la declaración como si estuviéramos ante una receta compuesta en el Basque Culinary Center.

Enseguida el lector de la capucha alude a la solución integral del conflicto y menciona el horizonte de un nuevo tiempo político, que trocaría la violencia y la represión en diálogo y acuerdo. Queda como un sobreentendido pero es muy fácil de averiguar quiénes quedan estigmatizados por haberse valido de la violencia y la represión, y también quiénes se apropian de conceptos morales tan relevantes como el diálogo y el acuerdo. En el tercer párrafo, figura la clave interpretativa fundamental. Allí se dice que la lucha de largos años ha creado esta oportunidad. O sea, que habría valido la pena disparar, ametrallar y explosionar artefactos con el resultado de haber causado casi un millar de muertos.

En una exhibición de cinismo, el resumen sucinto de ETA señala que la crudeza de la lucha se ha llevado a muchas compañeras y compañeros para siempre y que otros están sufriendo cárcel o exilio. Por parte alguna se menciona el reguero de sangre inocente que compañeras y compañeros de ETA han dejado a su paso con el uso de sus armas y explosivos contra gentes inermes. Pero, sin embargo, tan dudosa hazaña merece el saludo de los redactores del comunicado; ETA indica que no ha sido un camino fácil y ofrece a quienes atentaron y asesinaron su reconocimiento y más sentido homenaje. Así que estos años de muerte habrían servido, según la banda, para acumular la experiencia y la fuerza necesaria. Acabáramos. Claro que sobre este escamoteo de la realidad es improbable que pueda abrirse un tiempo nuevo para actuar con una responsabilidad y valentía que de modo deliberado se eluden.

Después de formular una declaración en estos términos es inaudito que sus autores quieran erigirse en interlocutores de un proceso de diálogo con los Gobiernos de España y de Francia como método para resolver las consecuencias del que denominan conflicto. Además de que llamar confrontación armada a lo que hemos vivido en el País Vasco es un sarcasmo derivado del espejismo de lo sucedido en el Ulster. Allí sí la hubo entre el IRA y los Unionistas. Aquí solo dispararon los etarras sin recibir más réplica que la legítima de los custodios de las libertades públicas.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista