La acción regresa con un desplome del 36%, aunque cierra con una caída del 4,7%

Dexia acepta su división en tres y la nacionalización de su filial belga

El consejo de administración de Dexia aceptó ayer formalmente la oferta del Gobierno belga de dividir en tres partes la entidad para su venta, nacionalizar la filial belga y crear un banco malo que agrupe los activos tóxicos del banco. La acción cerró con una caída del 4,73%, si bien en su regreso al parqué llegó a desplomarse un 36,09%.

La partición de Dexia se consuma. Ayer, su consejo de administración aceptó la propuesta del Gobierno belga. Esta incluye la división en tres de la entidad franco-belga para su posterior venta, la nacionalización de su filial belga por 4.000 millones de euros y la creación de un banco malo que agrupe los activos tóxicos ligados a la deuda soberana. Entre estos últimos se incluyen las actividades de Dexia Sabadell (España), Dexia Crediop (Italia) y DKD (Alemania).

Este banco malo contará con unos 90.000 millones de euros de activos, que serán respaldados de manera conjunta por Bélgica (54.000 millones de euros), Francia (32.850 millones) y Luxemburgo (3.150 millones).

El consejero delegado de Dexia, Pierre Mariani, reconoció que la venta de estos activos resulta hoy en día difícil por su vinculación a la deuda soberana, pero aseguró que confiaban en poder venderlos más adelante cuando mejoren las condiciones del mercado y cedan las presiones sobre la deuda de los países de la zona del euro.

Creará un 'banco malo' con activos por 90.000 millones

"La decisión ha sido adoptada por unanimidad", señaló ayer el presidente del máximo órgano de gobierno de la entidad, Jean-Luc Dehaene, que ayer mismo presentó su dimisión como administrador de Dexia Banca Bélgica aunque permanecerá al frente del consejo de la entidad a nivel global.

Tanto Dehaene como Mariani defendieron que Dexia no tiene ningún problema de solvencia, sino de liquidez y resaltaron que el acuerdo alcanzado supondrá un balón de oxígeno para la financiación a corto plazo de la entidad.

"Ha habido una crisis dentro de la crisis, por la deuda soberana y esto ha tocado a Dexia porque estaba especialmente centrada en financiación de entidades locales y regionales", afirmó Dehaene. Asimismo, ambos recordaron que en los últimos tres años ya se ha reducido la necesidad de financiación a corto plazo, así como la presencia internacional de Dexia con la salida de países como Japón, México, Dinamarca y Australia.

No es la primera vez que Dexia tiene que ser rescatado. En 2008 hubo que recapitalizar la entidad por valor de 6.000 millones de euros debido a la elevada exposición a las hipotecas subprime de su filial estadounidense FSA. También se incluía una garantía de 150.000 millones de euros. Un año más tarde, la Comisión Europea autorizó la prolongación de las garantías más allá de febrero de 2010.

Mientras que la filial belga queda nacionalizada tras una inyección de 4.000 millones de euros, la francesa y luxemburguesa serán también escindidas. Ayer, el consejo de administración de Dexia autorizó los contactos con el banco público francés Caisse des Dépôts et Consignations (CDC), el mayor accionista de Dexia, y con Banque Postale para determinar el futuro de la filial francesa. Varios medios de comunicación belgas aseguran que esta será adquirida por el Estado francés por un importe de entre 650 y 700 millones de euros.

Interés de un fondo catarí

Respecto a la filial de Luxemburgo, el banco negocia con un grupo catarí, según avanzó ayer el ministro de Finanzas, Luc Frieden. Según las agencias de noticias belgas, este grupo está relacionado con la familia real catarí.

Las acciones de Dexia volvieron a cotizar ayer en el parqué belga, después de haber sido suspendidas de negociación el pasado viernes. Cerraron con un descenso del 4,73%, que sitúa su precio en 0,805 euros por título, pero llegaron a desplomarse en su regreso más de un 36% tras marcar un mínimo en la jornada de 0,54 euros.

"No era un banco, era un 'hedge fund"

La partición acordada por Francia y Bélgica para Dexia es el último capítulo de una serie de problemas que se revelaron ya con crudeza en 2008, tras la crisis de Lehman y a la que el banco franco-belga logró sobrevivir entonces. Según explicó ayer su presidente, Jean-Luc Dehaene, en aquel año la entidad funcionaba como un fondo de inversión libre. "No es un banco, es un hedge fund", fue la advertencia con la que Dehaene llegó a su cargo, después de la inyección de capital de 6.000 millones de euros con la que se rescató a la entidad.

De hecho, el gran reproche que se hizo a Dexia fue el no actuar como un banco comercial al uso, ya que no se centró en la captación de depósitos sino que asumió riesgos en el mercado de capitales que luego le estallaron en el balance con la crisis de las hipotecas tóxicas de EE UU, de secuelas que llegan hasta hoy.

Comisión Europea

La Comisión Europea celebró ayer la decisión adoptada por Bélgica, Francia y Luxemburgo de dividir el banco Dexia y aislar los activos dañados en una entidad separada, y consideró que tendrá un "efecto estabilizador" en el mercado financiero.