TRIBUNA

Galicia y las entidades de crédito

Es el mercado, es la competencia, la que marca sin duda los derroteros, el camino a transitar, máxime en un escenario cada vez más competitivo y donde las debilidades y encarecimientos de productos acaban teniendo un alto coste. No sabemos si en el sector bancario empieza una nueva oleada de fusiones e integraciones, unas más amistosas que otras, en realidad ninguna lo es, las opas son lo que son, opas. Accionistas mayoritarios o agrupaciones a través de sindicatos venden sus bloques mayoritarios y otra entidad absorbe, compra en definitiva, otra entidad más pequeña. ¿Cuál era la verdadera situación patrimonial financiera de Banco Pastor y cuál su futuro inmediato? Es un interrogante que sin duda ha pesado en esta operación. Pero son los socios, los accionistas referencia, los que han decidido aceptar la oferta. Así de simple, y venden a un óptimo precio. En la lógica societaria nada que objetar. Una decisión libre, de impacto para toda Galicia y el mapa bancario español.

¿Se cierra la identidad gallega en el panorama financiero de la comunidad? Es este un interrogante que ha saltado a la palestra pública. Gritos de desgalleguización pero gritos absurdos y sin fundamento, pues no existía un sistema financiero gallego. El mercado, máxime crediticio y financiero, hace mucho tiempo que no tiene un anclaje identitario. Las sociedades mercantiles tampoco, pero sin embargo se juega con ese estímulo, con esa marca, con esa apelación a la psicología del cliente. Percibir algo como nuestro, aun no siéndolo, y distinguir lo ajeno como foráneo, pero que tampoco lo es. Fidelizar al cliente es hoy algo más difícil. El cliente tiene información, antiselecciona, busca, compara.

Es cierto que los sentimientos pueden aflorar, las críticas, las ilusiones, pero la realidad es como es. Accionistas que simplemente venden, aceptan una oferta, se integran dentro de un grupo bancario mayor. Y salvan financieramente los muebles. Rota la previsibilidad del futuro, ciertos los umbrales de solvencia, liquidez y morosidad, ser absorbidos en suma por una sociedad cinco veces mayor y más saneada, dispuesta a pagar una alta cifra por el capital por encima de su cotización bursátil era algo a lo que difícilmente se sustraería la familia, Arias a través de la Fundación Barrié, con un 42% del capital social, así como accionistas como Ortega, o incluso la propia Novacaixagalicia, con poco más del 5% del capital. Y esto supondrá una necesaria inyección de capital para su débil encrucijada financiera y futuro incierto. El horizonte inmediato presentaba cierta penumbra. Digan lo que digan, el escenario bancario afronta una década decisiva y contractiva.

A la par, esto implica robustecimiento y saneamiento de las estructuras internas, y sin duda una mayor viabilidad de cara al futuro. 235 años gestionando el ahorro de los gallegos no tiene por qué significar el final de los mismos, todo se andará y dependerá de cómo sea finalmente la estructura y la marca del banco. Por el camino se han quedado extraordinarios gestores y directivos que con esfuerzo, tesón, honradez y dignidad han llevado durante generaciones este banco a donde lo han llevado. Pero las banderas han caído, se deslocalizan, se desintegran en corporaciones mayores. El mercado no es caprichoso, es coriáceo e inmune a sentimentalismos y localismos. Nos empeñamos con una caja solo gallega, y aquí está el resultado. Lo aventurábamos hace unos meses, no pongamos barreras ni fronteras. Las empresas tienen que solidificarse y anclarse y hoy es inútil apelar al victimismo y a la heroica identitaria. Galicia nunca ha controlado un sistema financiero propio. Ha tenido importantes entidades que han captado y acreditado el ahorro y la inversión de miles de gallegos. Y lo han hecho con predominio y preferencia. Pero ese tiempo ha fenecido. Gestores y propietarios han decidido otro rumbo. Es la economía de mercado, es la libertad de empresa y propiedad privada, no nos engañemos. No politicemos. Maximización del beneficio para los accionistas, al precio que fuere. Y así una tras otras de las grandes empresas del tejido gallego se van diluyendo. No nos ceguemos.

No hagamos un casus belli político e ideológico. La Xunta y los gallegos son terceros ajenos a los pactos y estrategias empresariales. No pueden intervenir, no pueden distorsionar el mercado. Aunque algunos aprovechen para no hacer juego limpio. Es más simple. Crisis y miedo, debilidad financiera y estructural. Hay una oferta seria y viable. Y los accionistas de control venden. Es el mercado, señores.

Abel Veiga. Profesor de Derecho Mercantil de Icade