TRIBUNA

Tres deseos para la industria fotovoltaica

Hemos visto cómo en estos últimos años la industria globalmente ha hecho un esfuerzo para bajar el coste de fabricación de la tecnología fotovoltaica. No en vano, el precio de un kilo de polisilicio, principal componente de los módulos, era en 2008 de 400 dólares y hoy no cuesta más de 55 dólares.

Las mejoras tecnológicas y el incremento de la capacidad de fabricación mundial en todos los eslabones de la cadena de valor han permitido una reducción sustancial de los apoyos que se venían recibiendo para la generación de electricidad con el sol.

A pesar de este positivo contexto, en España, en gran parte debido a la falta de coordinación entre el regulador y la industria, el sector ha sido objeto de una demonización y está experimentando una parálisis que no encuentra parangón en otros entornos vecinos.

En la próxima década las energías renovables van a jugar un papel importante en el desarrollo económico, y nuestro país, que incluso ha liderado en momentos puntuales el campo de la energía fotovoltaica, no puede quedarse atrás. Es necesario que se adopten medidas que permitan a nuestra industria seguir generando valor y que se garanticen así los puestos de trabajo actuales e incluso sea posible generar aún más empleos.

Para ello, es importante que exista un diálogo fluido entre la Administración y la industria, que garantice que las futuras leyes den respuesta a las necesidades reales del sector. También es importante que nosotros, la industria, sigamos invirtiendo en beneficio de la sociedad. Solo ese tándem bien coordinado de industria y Administración permitirá volver a posicionar España entre los líderes mundiales de esta tecnología. Otros países, como Alemania, Italia, Grecia, Japón, China, Corea y EE UU, hace tiempo que se han dado cuenta del potencial de crecimiento de esta industria, y la apoyan con fuerza.

Por otra parte, la principal característica que debe necesariamente diferenciar la tecnología solar fotovoltaica frente a otras es su alto grado de respeto al medio ambiente, con una perfecta integración con el medio que nos rodea. Los acontecimientos recientemente acaecidos en China, motivados por el vertido de subproductos contaminantes al medio y que han provocado la manifestación, incluso violenta, de los ciudadanos contra algunas de las principales empresas del país, no deben ser tomados como anecdóticos.

Desde hace años Europa ha venido exigiendo a sus industrias el respeto a altos estándares de calidad en los productos y de respeto al medioambiente en los procesos de fabricación. En este contexto, el producto europeo se perfila como sostenible y de calidad garantizada, sin embargo, resulta menos competitivo en cuanto a costes. Hoy, los rankings muestran cómo, entre los 10 principales fabricantes del mundo de módulos de silicio mono cristalino, solo cuatro son europeos. ¿No resulta extraño que, habiendo sido la industria europea pionera (para muestra, la empresa que presido, que este mes hace 30 años que vio la luz) y teniendo que respetar los estándares más exigentes, no logre acaparar los principales puestos y dominar el mercado? ¿No será que es necesario que el mercado energético se globalice de verdad y las condiciones exigidas a los fabricantes de respeto al medioambiente sean las mismas Desde el sector esperamos que las fábricas chinas cumplan los estándares de calidad europeos, y no simplemente sean competidores en precio. Sobre todo porque China aspira a ser consumidor de esta tecnología y para una perfecta integración con Occidente debería abrir su mercado de la misma manera que sus empresas entran en nuestros mercados sin ningún tipo de barrera.

Finalizo con tres deseos, como en los cuentos, pero no de cuento, sino realistas y alcanzables, siempre y cuando haya voluntad, a la sazón: que nuestros políticos no dejen pasar la excelente oportunidad económica que la fotovoltaica ofrece a nuestro país y le den el apoyo que merece; que China entienda pronto que las reglas del juego que se han aplicado a sus empresas a la hora de hacer negocios en Europa deben ser las mismas que nos aplique a las europeas cuando juguemos en su casa, y finalmente, que en su casa aplique las reglas que nuestro planeta reclama para ser sostenible.

Ángel Luis Serrano. Presidente de Isofoton y de Silicio Energía