Lo más importante de la semana que viene

Recesión sí, recesión no... y el último BCE de Trichet

Cuentan las malas lenguas que la pregunta ya no es si habrá una segunda recesión en Europa, sino cuáles serán sus características y, sobre todo, cuanto durará. Esta semana conoceremos algunas pistas para determinar si, en efecto, la recaída en el pozo es ineluctable.

La consultora Markit publica el avance del PMI (Purcharer Manager´s Index, o índice de directores de compras) de los principales países del continente. Se trata de un indicador clave citado por el Banco Central Europeo para apoyar sus estimaciones de actividad económica a corto plazo, ya que se sirve de una macroencuesta para evaluar las carteras de pedido de la empresa. Si nos dejamos guiar por la tendencia más reciente, poco bueno cabe esperar: en los meses de verano, el PMI ha registrado sus peores valores desde comienzos del año pasado, tanto en términos de actividad como de empleo. El índice de actividad manufacturera se conocerá el lunes, quedando para el martes el del sector servicios. Al otro lado del Atlántico, en las mismas fechas se publicará el ISM de Estados Unidos, un índice similar al PMI. También se espera con expectación, para ver si confirma los sorprendentes datos positivos de los últimos días en EE UU (revisión al alza del PIB, vivendas sin vender, índice de actividad de Chicago.

A vueltas con la posible recesión, cobra renovado interés la reunión mensual del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, prevista para el jueves. Si hasta hace un par de meses el grueso de los analistas apostaba por alguna subida de tipos adicional antes de que terminase el año, el vendaval financiero del verano y la acumulación de datos macro negativos han vuelto las tornas hacia la reclamación de nuevos estímulos monetarios. El actual nivel del 1,5% parece excesivo a la vista de la debilitada actividad, pero no debe olvidarse que el BCE ya se ha marcado dos subidas de tipos inopinadas en medio del desplome económico (2008 y 2011). ¿Por qué lo hizo? Porque su mandato se limita a contener las expectativas de inflación, con independencia de la actividad o el empleo. Un mantra repetido hasta la saciedad por Jean-Claude Trichet, que, por cierto, presidirá el jueves su último consejo de Gobierno. El mando pasa en octubre a Mario Draghi, ex de Goldman Sachs, con todos las suspicacias que ello implica (recuérdense las explosivas declaraciones de esta semana del broker londinense a la BBC).

Por supuesto, durante la semana entrante no faltarán encuentros de alto nivel para tratar de cabalgar la galopante crisis griega. En la partida de ajedrez que puede acabar echando por tierra la zona euro, tal vez la principal jugadora es Angela Merkel. La canciller alemana, que ha calentado la situación al negarse a aceptar los eurobonos y exigir la participación privada en la posible quita de Grecia, se reunirá el miércoles en Bruselas con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, para lucir la flamante aprobación del fondo de rescate extendido por parte del Parlamento alemán. Su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, paladín del mensaje ejemplarizante respecto a Grecia, se encontrará con sus homólogos de la zona euro y del conjunto de la Unión Europea el lunes y el martes en Luxemburgo, en las reuniones del Eurogrupo y el Ecofin.

La semana empresarial viene algo fría, antes de que arranquen las presentaciones de resultados. Uno de los acontecimientos más esperados será la presentación de un nuevo modelo de Seat. Será un coche de pequeño tamaño destinado a recuperar público con limitado poder adquisitivo, un segmento que la firma tenía algo olvidado en los últimos años. Lo hará el lunes, el mismo día en que Bankia sustituirá a Iberdrola Renovables como miembro del IBEX-35. Será un golpe de visibilidad para el banco capitaneado por Cajamadrid, que, sujetado por las entidades colocadoras, está capeando razonablemente el temporal bursátil por el que pasan las entidades financieras.