Secretos de despacho

El alma de Pocoyó en Vodka Capital

Víctor López crea entre "buenos tipos" la nueva serie de animación 'Jelly Jamm'

De Zinkia a Vodka Capital. Con el mismo espíritu y ganas de crear nuevas series de animación. De Pocoyó a Jelly Jamm. Siempre con un estilo de trabajo en equipo y buen rollo.

Víctor López (Madrid, 1970) abandonó Zinkia en 2007, donde había sido consejero delegado y uno de los padres de la serie de televisión Pocoyó. Junto a él salieron otros directivos y juntos fundaron Vodka Capital, con la que deseaba seguir creando contenidos para niños. Pasa de puntillas y diplomáticamente sobre por qué se fue de un barco a toda vela: "Habían pasado seis años y quería dar un salto profesional, buscaba un nuevo reto, quizá porque soy empresario y quería volver lanzar otro proyecto".

Jelly Jamm, de 52 capítulos, ya se ha estrenado este septiembre en 150 países. En España se puede ver de momento en el canal Cartoonito, pero a partir de noviembre llegará el gran estreno en Clan, de TVE. La corporación pública es, de hecho, socia en la producción. López confía en que el pase en Clan ofrezca el gran salto comercial. "Creo que TVE la va a mimar. Es la joya de la corona, porque no suele producir ninguna serie", explica. Ya ha firmado acuerdos para vender libros o juguetes por todo el mundo. Ahora solo les falta que los niños vean Jelly Jamm y les guste.

El nombre de Jelly surge porque en una reunión en Londres, su interlocutor no dejaba de comer ese tipo de golosinas. Pero nada en los dibujos se llama así: ni ningún personaje ni un lugar. "Nunca volvería a poner un nombre de esta manera. Pero la verdad es que nos gustó".

Para quien conozca Pocoyó, Jelly Jamm le puede recordar un poco. "Al fin y al cabo somos los mismos creadores", asegura López. La historia se desarrolla en el planeta Jammbo, "de donde surge toda la música que escuchamos en la Tierra". Cuentan con Guille Milkyway, fundador del grupo La Casa Azul, para las canciones.

Y el siguiente paso definitivo será firmar con alguna televisión de EE UU, adonde López ha viajado esta semana. "Allí todo es a lo grande", dice. De hecho, ofrece números: Bob Esponja genera anualmente ingresos de 8.000 millones de dólares. "Una serie no es rentable solo con su pase en televisión. Hay que crear marcas para vender juegos, DVD o juguetes". Las estimaciones de facturación que ocasionarán todos los productos de Jelly Jamm se aproximan a los 150 millones de euros, de los que "12 o 20 millones" serían los ingresos de Vodka. "¿Crisis? ¿Qué crisis? No sirve de nada lamentarse. Hay que buscar alternativas", una filosofía perfecta para una empresa que ya nació en plena recesión.

López fundó Vodka, con k igual que Zinkia, como laboratorio para pensar nuevos contenidos infantiles y comercializar sus derechos. Sucesivamente han ido naciendo compañías hermanas. 737 Shaker es la fábrica donde se realizan las series y Tonika Games produce videojuegos. Todas ellas comparten espacio en una antigua nave industrial de Madrid, con estancias diáfanas y empleados con atuendos casual, igual que cualquier otra empresa tecnológica.

"¿Ambiente desenfadado?", se cuestiona y sonríe el consejero delegado. "Supongo que sí. Pero todo el mundo sabe quién manda en su departamento. Se trabaja por objetivos, pero hay que ser muy estrictos con la planificación porque, si no, los plazos no se cumplen". "Casi todos hemos trabajado juntos anteriormente. En mi equipo busco buenos tipos. Aquí nunca hay gritos. Si sonreímos, ganamos. Esta es una máxima de la empresa. Aunque también somos duros negociando, siempre guardando las formas, con puño de hierro en guante de seda", confiesa.

Para encontrar a los empleados que desarrollan la serie y los videojuegos reconoce que tienen dificultades: "Casi todos son autodidactas. Por eso hemos creado la escuela Animation Iskool, donde ofrecemos una formación unida a prácticas de seis meses".

Los empleados de Shaker 737, aquellos que fabrican la serie, acabarán su trabajo cuando finiquiten todos los episodios. Por eso, actualmente desde Vodka se está buscando la financiación para su nuevo proyecto, Pirata & Capitano, con el que dar una continuidad en el empleo de los animadores.

Al callejón para hablar en privado

La nave que alberga al grupo de empresas está presidida por un árbol artificial blanco que tiene sus raíces en el suelo de la parte central del edificio y crece hasta el techo. Es una escultura heredada de los anteriores inquilinos. "Cuando vi el lugar, supe que este era nuestro sitio", cuenta. No existen despachos, ni para el consejero delegado, que comparte espacio en la parte de arriba de la nave junto a otras cinco o seis personas. Cuando necesita hablar por teléfono en privado, sale a un callejón que está justo en frente de su ventana a nivel de la calle.

No cuenta con objetos ostentosos ni personales. Solo un bote portalápices que le regaló su padre cuando tenía 12 años. "Sé que puede parecer cutre. A mí me parecía muy feo al principio. Pero después de tantos años, le he cogido cariño", asegura entre risas. Dispone de un teclado y un ratón inalámbricos, un Mac y un portátil encima de la mesa. Guarda un par de dibujos de sus hijas en el cajón, además de cuadernos usados, un consejo que le dio Alfredo Sáenz, consejero delegado del Santander, en una cena.