A fondo

Hacia un petróleo más barato: el espejismo libio

El derrumbe del régimen libio del coronel Gadafi, 42 años en el poder, ha generado un peligroso espejismo: el de creer que la caída del dictador conducirá a un desplome en el precio del petróleo de manera inmediata. Los primeros interesados en que eso no suceda son los principales productores del mundo y, entre ellos, el único con la capacidad suficiente para reemplazar la ausencia de Libia en los mercados: Arabia Saudí. "A medida que el petróleo libio regrese, los saudíes irán reduciendo su oferta porque es vital para los programas sociales de Riad que el petróleo se mantenga en torno a 100 dólares. Será difícil que la cotización baje de ese nivel", explica Julian Lee, analista del Centro de Estudios Globales de la Energía (CGES).

Hasta que el empuje de la llamada primavera árabe comenzó a cristalizar en febrero pasado, la Libia de Gadafi era uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, con un volumen de 1,5 millones de barriles diarios (suficiente para satisfacer el 100% de las necesidades de España). Seis meses de larvada guerra civil han hecho que la producción del país africano caiga dramáticamente hasta un nivel testimonial de 60.000 barriles diarios. "Aún se desconoce con exactitud el impacto de la guerra en los centros de distribución y en los yacimientos. Los yacimientos nuevos pueden repararse con rapidez, pero ¿cuáles serán las condiciones en que se encuentran los pozos más antiguos, que requieren de inyecciones de agua a diario para poder dar presión al crudo?", se pregunta Lee. "En el mejor de los casos, Libia estará produciendo 500.000 barriles diarios a finales de año y es improbable que regrese a los niveles previos a la revuelta antes de año y medio", vaticina el experto de CGES.

"Es posible que la volatilidad se reduzca algo y que los precios se suavicen, pero es prematuro valorar el impacto definitivo de la caída de Gadafi", reconoce Rick Mueller, de la consultora estadounidense ESAI. Lo cierto es que el mercado se ha acostumbrado a vivir sin el petróleo libio. El barril llegó a subir un 23% entre febrero y comienzos de abril, hasta alcanzar los 126,65 dólares por barril en el crudo Brent, el de referencia en Europa. A partir de ahí, el petróleo comenzó a descender hasta el nivel actual, fluctuando entre 100 y 110 dólares.

El 23 de junio, la Agencia Internacional de la Energía aprobó por sorpresa la liberación de 60 millones de barriles de crudo de las reservas de la OCDE para anticiparse a las presiones de demanda del tercer trimestre. España contribuyó con 2,274 millones de barriles. El efecto fue un descenso puntual que no cambió nada.

Incluso las previsiones más optimistas moderan el tono sobre las posibilidades de un gran ajuste en la cotización. "Parece realista pensar en un ritmo de producción de un millón de barriles diarios a finales de año, lo que debería presionar al Brent. Pero incluso en esa situación es improbable que el barril baje de manera significativa de los 100 dólares", reconoce Carsten Fritsch, de Commerzbank.

Ya se dibujó un escenario promisorio cuando las tropas estadounidenses irrumpieron en Bagdad, el 9 de abril de 2003. Ese mismo día, Washington cifró en 20.000 millones de dólares anuales los réditos que proporcionaría el petróleo iraquí. La realidad ha sido muy distinta. "La producción de Irak se estabilizó en 2007 y las compañías extranjeras solo regresaron al país a partir de 2009. Llevó ocho años para recuperar los niveles previos a la invasión", explican en Barclays Capital. La conclusión del banco es clara: "La salida de Gadafi no resolverá necesariamente el problema. Al contrario, será el inicio de una serie de dificultades de larga duración".

Repsol ha manifestado que está preparado para reanudar su ritmo de actividad en cuatro semanas. La petrolera extraía de Libia unos 35.000 barriles diarios, el 3,8% de su producción. Por delante queda un largo e incierto camino.