COLUMNA

Octubre pavoroso

Los bancos han tenido un verano movido. Los indicadores de estrés en los mercados de financiación bancaria parpadean en rojo, aumentando los temores de que se produzca otra crisis como la de 2008. Parece que por ahora esos miedos no vienen al caso. Pero si los mercados no mejoran, el otoño podría traer más problemas.

Los bancos financian parte de sus balances en los mercados mayoristas mediante la emisión de deuda barata a menos de doce meses y vendiéndola más cara a más largo plazo. En 2008, los acreedores estaban tan preocupados que solo prestaron de un día para otro o no lo hacían. Los bancos que dependían de su financiación tuvieron que buscar el apoyo del Estado.

En esta ocasión hay dos diferencias cruciales. Primero, las reformas post-crisis implican que los bancos están mejor capitalizados. Además, los mayores prestamistas de Europa han completado el 90% de sus necesidades financieras para 2011, según Morgan Stanley. En segundo lugar, cualquier banco con problemas a corto plazo puede acceder a las facilidades de liquidez semanales del BCE. Así que los bancos europeos deberían ser capaces de capear un verano tormentoso. No obstante, si los políticos no llegan a una solución para los problemas de la deuda soberana, habría ocasión de que los bancos tengan que luchar para completar los 80.000 millones que aún necesitan este año. Además están los 1,7 billones de fondos que se precisan para 2014. Incluso aunque los mercados vuelvan abrir, los bancos tendrían que pagar aún: el coste de asegurar la deuda del promedio de los prestamistas europeos se ha casi doblado a los 215 puntos básicos desde la primavera. Si el promedio de los costes de financiación aumenta lo mismo, los márgenes de beneficios se comprimirán. Los ingresos de los pequeños prestamistas italianos recibirán un duro golpe. Los bancos responderían con una disminución en sus balances, privando a la economía de crédito. El verdadero impacto de los problemas actuales de financiación puede no suponer un colapso, sino una posibilidad aún más remota de recuperación.