Manuel López Pardiñas

El notario tecnológico

Impulsor de la notaría del siglo XXI, el nuevo presidente de los fedatarios públicos ha logrado el consenso necesario para gobernar hasta 2012

El notario tecnológico
El notario tecnológico

Con Manuel López Pardiñas uno sabe perfectamente si baja o sube las escaleras. Gallego de nacimiento, orensano de Ribadavia y de aquella generación que Miguel Bosé ensalzó en la mítica Bravo muchachos, todos poetas los del 56, el recién elegido presidente del Consejo General del Notariado representa al pionero de las tecnologías en el sector y al impulsor de la notaría del siglo XXI.

Aunque parte de su infancia y juventud transcurrió en Andalucía, este notario se siente hijo adoptivo del País Vasco, donde ha permanecido los últimos treinta y dos años de su vida.

A la región llegó tras aprobar las oposiciones en Zaragoza en el año 1981. Manolo, como le llaman sus más íntimos, lideró en el País Vasco la transformación telemática de asuntos claves para las notarías como la liquidación de los impuestos. Tan efectiva fue su hazaña, que cuando se integró en la Comisión Permanente del Notariado, formada solo por cinco miembros, a López Pardiñas se le encargó la implantación de las nuevas tecnologías.

Lideró en el País Vasco la transformación telemática de asuntos claves para las notarías como la liquidación de impuestos

Desde esta atalaya extendió dicho proceso telemático al resto de España, lo que le granjeó el reconocimiento y por qué no decirlo, la simpatía de sus compañeros. "Que hoy los usuarios puedan liquidar e inscribir en el mismo día una escritura es, en parte, gracias a este notario", señalan fuentes conocedoras del proceso.

Representante de los fedatarios bilbaínos por tres mandatos consecutivos, se convirtió finalmente en el primer decano del País Vasco tras la reforma del reglamento de 2009. A su investidura asistieron voces tan dispares como el entonces lehendakari vasco Juan José Ibarretxe y el presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Fernando Ruiz Piñeiro, algo que prueba su don de gentes y espíritu conciliador.

Madera de liderazgo tampoco le falta, según reconocen varios compañeros que coincidieron con López Pardiñas en Eibar y Portugalete. "Se trata de una persona bastante reflexiva, con una gran capacidad de trabajo y muy cercano", añaden. Lejos del estereotipo de antaño, él prefiere identificarse con un modelo de notario que impera más hoy en día en la sociedad, "más afable y humano" con clientes y empleados, que el de hace años.

Pero también muy riguroso. "Es bastante cuidadoso con el estudio y exigente en la preparación de las escrituras", según coinciden varias descripciones. Eso puede extenderse también al estudio, al que dedicó sus mayores esfuerzos en su juventud.

Decidió ser notario tras licenciarse en Derecho por la Universidad de Navarra y tardó solo un año en sacar la oposición, cuando al resto de sus contrincantes les suele llevar una década de media.

Premio Extraordinario de la Licenciatura, obtenida en 1979, López Pardiñas se instaló en Pamplona para estudiar la carrera dejando la glamurosa Sevilla, donde cursó COU. A Andalucía llegó desde Ayamonte (Huelva), la ciudad frontera a la que su progenitor fue destinado después de trabajar en Málaga. Del carácter andaluz, conserva la actitud dialogante. "Siempre prefiere plantear los asuntos sobre una mesa para que se dialogue", dicen sus conocidos. Así lo afrontó cuando planteó una moción de censura al entonces presidente del Notariado, Javier Guerrero, después de que solo hubieran pasado cuatro meses de su elección.

El momento, quizás, lo requería. "Muchas notarías han entrado en pérdidas", aseguran en el sector, "y algunas empiezan a plantearse despidos". La caída media de los ingresos entre el 40% y el 70% respecto a los datos previos del inicio del colapso financiero las ha dejado tocadas de muerte y con cierta sensación de desánimo. López Pardiñas quiere iniciar las conversaciones con las Administraciones Públicas para aliviar la presión de los ingresos en este colectivo. Abogará por una subida de los aranceles, que permanecen invariables desde el año 1989, algo que únicamente él "puede conseguir dado el actual deterioro económico del país".

Internamente, también quiere que los 3.000 notarios que existen actualmente en España sean los que elijan al próximo presidente y no la élite de 17 decanos, cada uno represen-

tante de una comunidad au-

tónoma, como ha ocurrido

hasta ahora.

De conseguirlo, se convertiría en el último presidente del Notariado que haya tenido que recurrir a los apoyos de sus compañeros para alcanzar la cúspide del este organismo. De los cinco votos como mínimo necesarios para presentar una candidatura, este orensano, profesor de Derecho Internacional Privado en las universidades de Navarra y del País Vasco, alcanzó nueve.

Le respaldaron los decanos de Asturias, Cantabria, Cataluña, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Madrid y Valencia, y el voto que representaba él mismo por el País Vasco. Tras cuatro horas de reunión el pasado lunes 8 de agosto, López Pardiñas abandonó la titularidad en funciones, en la que se había instalado la semana posterior a la dimisión de su antecesor, el jienense Javier Guerrero, decano del Colegio de las Islas Canarias, para ejercer desde los nuevos comicios con todo rango de ley.

Hombre de consenso, nunca le han faltado apoyos, ni en el País Vasco ni el resto de España. Sus compañeros de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, lo respaldaron en las primeras elecciones notariales vascas y lo mismo han hecho el resto de decanos regionales. Su vicepresidente, por ejemplo, será el decano del Colegio Notarial de Cataluña, Joan Carles Ollé. Casado con una mondragonesa y aficionado a la historia y a los viajes, aseguran quienes le vieron en el momento de la victoria que su ceño respondía más al peso de la responsabilidad que a la euforia. Estará, al menos, hasta diciembre de 2012, momento en que acaba su mandato, pero se prevé un gobierno sin divisiones. ¡Bravo muchacho, los del 56!