Golf

El 'caddie', en peligro de extinción

La llegada del 'buggie' y el auge de los entrenadores son las dos razones que han contribuido a su desaparición

Para quienes no conocen de cerca el golf, la palabra caddie se limita a definir a la persona que acompaña al jugador de golf transportándole los palos y siguiendo de cerca cada uno de sus movimientos. Pero ser caddie es algo más que eso. Es un profesional que se pone a disposición del golfista, aconsejándolo en cada momento y estudiando minuciosamente su swing. El conocimiento que tienen de las características del campo y sus medidas es muy preciso y siempre están allí cuando se les necesita.

Durante la segunda mitad del siglo XX la profesión, que a día de hoy atraviesa una de sus peores rachas, vivió su época dorada. Si antes cada club contaba con sus propios caddies, ahora son pocos los que ofrecen este servicio. Un ejemplo de ello es el Club de la Moraleja, que hace dos décadas llegó a emplear a 120. En aquel momento, uno de sus actuales caddie master, que ejercía como chico de los palos, reconoce que "era un trabajo bien remunerado por el que podían ingresar entre 36 y 54 euros por circuito". Sin embargo, ahora es uno de los muchos clubes que han dejado de contar con el servicio a pesar de que 20 años atrás la popularidad de sus caddies era reconocida a nivel nacional. De hecho, allí "acudían personas de otras comunidades para jugar bajo los consejos de sus afamados asesores", asegura.

Pepe Gil ejerció como caddie en la década de los 60, coincidiendo con el boom del golf en Cádiz. En aquellos años la profesión era vista como una "tarea imprescindible por la que se llegaba a pagar la cantidad nada desdeñable de 100 pesetas (0,60 euros) los 18 hoyos", afirma. Como el propio Gil indica, ser caddie "era una oportunidad para los jóvenes más humildes de practicar con los palos, pues a diferencia de hoy, antes no existían los clubes municipales. Se trataba de un deporte para privilegiados".

Aficionados de toda España acudían al Club de La Moraleja por la fama de su equipo

En el actual escenario, la figura del caddie master, antes encargado de asignar a cada jugador su acompañante, se limita a preparar los eventos para las empresas y supervisar que las instalaciones estén en perfecto estado.

La aparición de los coches eléctricos, conocidos como buggies, es uno de los factores que está incidiendo en la desaparición de esta profesión. Otra opción que atrae a los aficionados es la de contratar clases particulares, por el prestigio que se otorga a la figura del entrenador. Sin embargo, el coste de esta última opción es más elevado, entre los 36 euros que cuesta una clase de una hora en el club de campo de Real Sociedad Hípica Española o los 45 del resort San Roque, del grupo NH Hoteles.

Los más pudientes se han dado en ocasiones un lujo extra: la contratación de profesionales para jugar con ellos. El interesado paga un fijo y corre con los gastos de viaje y alojamiento. Todo lo que sea necesario para satisfacer sus caprichos.

De chico de los palos a estrella del golf

El siglo XVI puede considerarse el inicio de lo que posteriormente sería la tarea de caddie cuando María I de Escocia trasladó este deporte a Francia. Sus ayudantes recibían el nombre de cadets (alumnos) y el término fue llevado a su país natal, donde se adaptó como caddie.

Desde entonces muchos han sido los jugadores que han comenzado su carrera como tal. Severiano Ballesteros fue uno de ellos. Por 40 pesetas trabajó como ayudante de un médico que a cambio del servicio prestado le dejaba practicar su pasión, algo en principio no permitido por el club. Con muy pocos años sintió que los palos eran lo suyo y vivir cerca del hoyo 2 del campo de Pedreña incrementó un deseo que pronto daría sus frutos. Sin embargo otros, como Angelo Argea, han ejercido siempre de caddie. En concreto, él acompañaba a Jack Nicklaus. En varias ocasiones Argea ha reconocido que el jugador reclamaba su ayuda no para que le consultara sobre qué palo elegir o preguntarle sobre el circuito, sino solo para darle ánimos y confirmarle lo que quería oír. Es decir, que era el mejor jugador del mundo.

Si a nivel particular la figura está desapareciendo, en los circuitos profesionales aún disfrutan de un protagonismo singular que depende del uso que los jugadores hagan de ellos. Por ejemplo, la estrella Tiger Woods apenas los requiere y en la actualidad busca uno nuevo después de los problemas que ha tenido con el último. Por su parte, Álvaro Quiros ha cambiado a Rubén Yorio por Gareth Bryn Lord.