La crisis de la deuda soberana

El BCE y las primas de riesgo

A pesar de que la decisión del Banco Central Europeo de mantener el tipo de interés en 1,5% no pilló por sorpresa a casi nadie, las declaraciones subsiguientes del gobernador Jean-Claude Trichet en su rueda de prensa desencadenaron el pánico en los mercados financieros y en las Bolsas de los países europeos. El fenómeno se explica por la extrema debilidad de las economías afectadas por la crisis de la deuda soberana y por la escasa disposición del BCE a ayudar a resolver estos problemas a corto plazo.

Las economías occidentales se encuentran atrapadas en un círculo vicioso: la crisis de la deuda y el aumento de las primas de riesgo les imponen fuertes ajustes y severos programas de austeridad que debilitan la actividad económica, aumentan el desempleo y frenan el crecimiento. A su vez, la ausencia de crecimiento impide que los Gobiernos obtengan los superávit primarios necesarios para pagar sus deudas. Esto acentúa la desconfianza de los mercados e incrementa las primas de riesgo, y así sucesivamente. Los rescates son la consecuencia más directa de esta interacción diabólica.

Solamente el crecimiento económico puede romper este círculo vicioso. Pero dadas las sinergias y el alto grado de integración económica que existe en la eurozona, la espoleta económica ha de venir de un ministerio de economía europeo y de un presupuesto centralizado suficientemente potente y ágil. Algo que no está a la vuelta de la esquina, que se ha opuesto hasta ahora abiertamente Alemania y los Países Bajos, entre otros.

Ante este panorama, lo mínimo que podía esperarse del BCE era una señal decidida e inequívoca de ayuda con las armas de que dispone, fundamentalmente la compra masiva de deuda pública de las economías más frágiles. Pero -antes de su teleconferencia de ayer- el BCE justificó el jueves pasado sus decisiones en simple clave de política monetaria y no como apoyo a los Estados más necesitados. Para el señor Trichet, lo importante es que la inflación esté bajo control, aunque sea como consecuencia de un crecimiento muy débil de las economías del euro en los próximos trimestres. Es más, el señor Trichet insistió en la rueda de prensa del jueves en la necesidad de incrementar el rigor de los planes de ajuste, y nos hizo entender que la decisión del Consejo de Gobierno del BCE de reanudar la compra de deuda pública se adoptó con tibieza y falta de unanimidad.

Resulta lógico, pues, que la falta de compromiso hasta ahora de la institución monetaria para comprar masivamente títulos de deuda de los países más afectados para frenar la especulación, junto con la ausencia de un gobierno político y económico de la UE, desencadenara un cataclismo en los mercados financieros y bursátiles europeos.

Los malos datos económicos de EE UU -a cuya deuda acaba de retirar S&P la máxima calificación- hicieron que la tormenta llegara también a Wall Street. Veamos qué estrategias pueden diseñarse para enderezar la situación. Inmediatamente, el BCE debe reiniciar la compra de deuda pública de los países más afectados en grandes volúmenes, aunque lo llegue a hacer por la vía trasera y sin dar explicaciones. Al mismo tiempo, es urgente avanzar en la integración política y económica con estrategias factibles y mediante pasos y escalones graduales. Un amplio grupo de economistas piensa que el fondo de rescate debería convertirse en un Fondo Monetario Europeo, capaz de emitir eurobonos garantizados por todos los países miembros. El respaldo económico de estos títulos, que estarían denominados en euros, permitiría reducir drásticamente las primas de riesgo y los tipos de interés, lo cual aportaría un soplo de aire muy fresco a la recuperación de los países periféricos. Para evitar que algunos países abusaran de esta vía de financiación, creyendo que el paraguas comunitario siempre estaría a su disposición, este mecanismo iría provisto de desincentivos para esta clase de conductas.

Existe un amplio consenso en que solo hay dos salidas para la crisis de euro: o los países miembros avanzan sustancialmente en su gobernanza política y económica a nivel europeo, o el euro se resquebraja. La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, se están convenciendo de la necesidad de progresar en la gobernanza de la UE y prevén próximas reuniones con este objetivo. La extraordinaria elevación de las primas de riesgo indica que el tiempo de los parches se está terminando; se necesitan soluciones de conjunto, valientes y solidarias.

José García Solanes. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Murcia